Corea del Norte, Estados Unidos, la guerra y Venezuela.

ImagenNo sería la primera vez. Los Estados Unidos de América siempre han utilizado la táctica de desviar la atención de sus problemas principales o cuando van a cometer algún repudiable acto vandálico en cualquier parte del mundo. Es, como se dice en buen “cubano”: me pica aquí y voy a rascarme allá…

Este comentario lo hago a raíz de ciertas cuestiones que hoy tienen ocupado al mundo, por un lado la conflictiva situación entre las dos Coreas y Norteamérica, por el otro las muy próximas elecciones en Venezuela, donde indudablemente el movimiento bolivariano obtendrá el triunfo con la figura de Nicolás Maduro impulsada al poder por las bases revolucionarias.

Si analizamos las acciones del gobierno norteamericano históricamente, estas siempre tienden hacia la eliminación física de las cabezas que guían los movimientos anticapitalistas y revolucionarios dondequiera que se encuentren. Así surge la duda acerca de la enfermedad incurable de Chávez en un momento en que la acción redentora bolivariana se disparaba en toda Suramérica, poniendo en peligro los intereses imperiales de las castas armamentistas que rigen los destinos del Estado norteño. Por eso quiero alertar sobre algún intento de hacer desaparecer, también, a Nicolás Maduro de la escena política latinoamericana y mundial, toda vez que resultó fallido el deceso del Comandante Chávez para derrocar a la impertinente revolución que crece en Venezuela. Y no es para ignorar que aparezcan ahora personas armadas en la oposición de aquel país, con equipos destinados a no ser rastreados en caso de éxito o fracaso.

¿Y dónde entran las Coreas y toda la parafernalia sobre una posible guerra “provocada” por la parte socialista de la península oriental?

Precisamente en el desvío de los ojos del mundo hacia una zona bien alejada de Suramérica, con un conflicto que suena a destrucción mundial.

Pues no es la primera vez que Corea del Sur y sus aliados yanquis realizan maniobras militares tan cerca de las fronteras terrestres y marítimas del Estado socialista norcoreano que le ha obligado a este último a poner en pie de guerra a sus fuerzas defensivas y a su pueblo, solo que nunca antes se le dio tanta importancia, manejando una escalada de des-información, la cual comienza en las pruebas nucleares realizadas por los científicos norcoreanos (no olvidar que los únicos que tienen derecho a realizar pruebas nucleares con fines de exterminio masivo son las élites norteamericanas, porque ellos “cuidan” al planeta y protegen la paz mundial) y que ha continuado in crescendo luego de supuestas declaraciones del joven Presidente norcoreano acerca de “destruir” a los Estados Unidos. Ya lo dijo un emperador romano: “traduttore, traditore”, los servicios de información pronorteamericanos (casi todos los globales) han atribuido al gobierno socialista coreano la intención de atacar a la potencia norteamericana, aunque esto, a simple vista, se nota que es una falacia. Si norcorea hubiera querido atacar a algún país lo hubiera hecho hace tiempo con su vecino y hermano capitalista, así hubiese eliminado a un aliado norteamericano que le allanaría el camino en presuntos afanes invasores. Sin embargo, a pesar de continuas provocaciones desde el lado sur, la paz se ha mantenido en la península y hasta obreros de uno y otro lado cruzan las fronteras aportando mano de obra en emprendimientos foráneos. Nunca se rompió el hilo de las conversaciones ni llegó la sangre al río, entonces cabe la pregunta: ¿por qué ahora?

También apuestan los medios de comunicación a la juventud del líder, debido a la cual y a la impulsividad que pudiera tener este, se desataría una guerra devastadora que incluiría un desenlace nuclear.

Todo esto no es más que campaña mediática y ruido, a fin de que la opinión pública mundial mire hacia otro lado mientras en Venezuela, el verdadero peligro para el imperio gringo, se gesta otro acto desleal, antidemocrático y asesino.

Por eso, desde estas líneas pido mayor cuidado y vigilancia hacia la persona de Nicolás Maduro, próximo Presidente democrático de Venezuela y no dejarse llevar por la guía de medios de comunicación y gobiernos afines al imperialismo en sus empeños por invisibilizar la verdadera realidad, imponiendo una realidad que si bien es patente porque ocurre, puede no ser más que una cortina de humo tras la cual se esconden los verdaderos intereses yanquis: que la Revolución Bolivariana de Venezuela se detenga en seco y acabar así con el peligro que supone para el capital un movimiento emancipador de tales proporciones.

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