Intereses espurios detrás de la situación en Venezuela.

1357897149383Parece ser que cuando las conciencias no son limpias o la ideología no es suficientemente fuerte, el dinero lo puede todo.

Me refiero a los últimos acontecimientos en la hermana República Bolivariana de Venezuela, donde la violencia provocada por quienes no aceptan su derrota electoral ha campeado por su respeto desde hace semanas. Por un lado, los opositores al gobierno de Nicolás Maduro no cejan en su intento de provocar mayores conflictos, azuzados por elementos con manifiestas relaciones con entidades políticas ultrareaccionarias de los Estados Unidos, como el hoy detenido Leopoldo López y el gobernador de Miranda, el varias veces perdedor democráticamente Henrique Capriles. Esta es una táctica de guerra “suave” ya practicada en diferentes ocasiones y países por los servicios de inteligencia norteamericanos. Y los opositores a mandatos progresistas populares son adeptos incondicionales.

Incluso algunos piden la liberación de los “opositores” presos, responsables de los disturbios que hubieran provocado hasta muertes, como condición para llevar a cabo un diálogo de paz.

Pienso que su debilidad política y sus intereses personales pesan más que los del bien común. Fácil de utilizar y corromper, porque tampoco es secreto que con Venezuela, Estados Unidos ha ido acumulando piedras en el zapato, la desaparición física de Chávez no cumplió con las expectativas del imperio y hoy se aferran a derrocar el gobierno sucesor por la vía que sea necesaria (Maquiavelo al día).

Todo vale: el plan de asesinar a López para culpar al gobierno, una carta de Rubén Blades… y la violencia, el desabastecimiento artificial, mostrar a Venezuela como un país inestable. Trampas para incautos, para quienes viven del consumo de los medios tradicionales de comunicación, que mienten y tergiversan, haciéndole el juego a los intereses yanquis, que no pueden aceptar no tener más a su disposición el territorio que creían su “patio trasero”. Hay mucho dinero en juego puesto a correr por las organizaciones y fundaciones “democráticas” dirigidas desde Washington.

Pero Latinoamérica no está ciega, la “operación Milagro” ha devuelto la vista a mucha gente, no solo en el terreno oftalmológico. La CELAC es un ejemplo, los países de este lado del planeta se están uniendo, apartando a los “guías” de siempre, para moverse en un camino de independencia que por segunda vez necesitamos. Por eso se condena la injerencia norteamericana y la actuación de la derecha (y satélites) vendidos a intereses espurios.

Si gente como Blades levantan su voz contra el proceso popular que ha costado mucho trabajo instaurar y hasta la vida de un gran hombre, entonces no podemos quedarnos callados e indiferentes, porque la paz del hemisferio siempre estará amenazada si la oligarquía financiada por USAID, IRI, NED y otros engendros triunfa en Venezuela.

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