Los muertos útiles a la “democracia made in USA”.

generalvivasHay una frase muy antigua, vulgarizada en tantas películas, libros, series y novelas: “los muertos no hablan”. Eso es verdad. Pero para los fines imperialistas, los muertos “cuentan”.

Ya se ha convertido en una práctica general en cada intento de desestabilización social de gobiernos no afines al “american way of life” o al aparato de poder mundial yanqui, llevado a cabo por la CIA y otros órganos de inteligencia y “seguridad nacional” del país norteño.

La fórmula es repetida una y otra vez: -desestabilización de la economía familiar; -protestas sectoriales contra el gobierno target; -generación e invención de muertos; -petición de cambio de gobierno, y si se dan las condiciones, -intervención de los Estados Unidos para “preservar la democracia”.

En la región sudamericana hay ejemplos contundentes documentados y en algunos casos, desclasificados de los archivos de la Agencia Central de Inteligencia y la Agencia de Seguridad Nacional, como lo ocurrido en Chile contra el gobierno del Presidente electo democráticamente Salvador Allende. El fallido “golpe prefectural” del 2008 en Bolivia, donde el expulsado ex embajador Philip Goldberg tuvo una participación influyente y sostenida, también incluía entre sus planes la “fabricación de muertos”, como cínicamente lo reconocía el alcalde de Santa Cruz de la Sierra ante los medios de comunicación: “unos muertitos más y este gobierno se va”, decía el controvertido Percy Fernández frente a las cámaras de televisión. Como es sabido, este intento separatista y de golpe de estado no obtuvo los resultados esperados por el gobierno yanqui y más bien salió fortalecido el Presidente Evo Morales, quien en el referéndum revocatorio volvió a ganar con más del 60% de aceptación popular; otro resultado de los sucesos del 2008 fue la deposición de dos gobernadores de oposición (que huyeron luego hacia los Estados Unidos) y la expulsión del embajador norteamericano de Bolivia.

Ahora tocó el turno a Venezuela. Los gringos usando sus viejas y repetidas tácticas, ya mencionadas arriba (“golpe suave”, “guerra de baja intensidad” o como quiera que se llame), ayudados por los antipatriotas de la oligarquía local y políticos corruptos, no han dudado en sacrificar la vida de ciudadanos venezolanos para legitimar la intervención y el derrocamiento (golpe de Estado) del Presidente electo por la mayoría de la población. En ese intento de mostrar al gobierno como represivo, dictatorial y que no respeta los derechos humanos, ni siquiera han tenido escrúpulos para sacrificar a uno de sus hombres: Leopoldo López no se entregó porque es buena gente y confía en la justicia, sino por los elementos de prueba que le mostraron sobre un posible asesinato en su contra, fraguado por los mismos que lo llevaron a alentar el levantamiento opositor violento. Y este no hubiera sido un muerto más, sino que se hubiera convertido en bandera de lucha y justificativo perfecto para la intervención norteamericana, en defensa de “la paz, los intereses de los ciudadanos y la democracia”. El plan también falló.

Quedan por ahí los otros muertos, esos infelices que, sirviendo de escudo a los autores intelectuales y verdaderos beneficiados si caía el gobierno, fueron carne de cañón, sacrificados por las balas de francotiradores escondidos (de forma que nadie pueda saber en realidad quién haló del gatillo ni quién dio órdenes de disparar). A los ideólogos del asesinato (CIA, NSA, Departamento de Estado norteamericano) y sus financiadores (NED, USAID, IRI, ONGs) no les importan los nombres, filiaciones político-partidistas o ideología de los que mueren, solo les sirve el resultado: el número de víctimas, como daños colaterales de un conflicto que probaría que el gobierno de Venezuela es inviable y sería necesario un cambio radical en la “democracia” del país.

El número de muertes, la magnitud del hecho y los presuntos responsables, son datos que luego los medios de des-información manipularán para presentarlos a la opinión pública magnificados y con un lenguaje emocional fuerte, a fin de calentar aún más las tensiones entre oficialistas y opositores, calculando que desembocará en cualquier momento en un conflicto de proporciones desmedidas que ameritará la intervención “pacificadora” de terceros actores (Estados Unidos como “gendarme internacional”). Basta analizar el contenido de los reportes de CNN, Televisión Española, agencias internacionales de noticias, periódicos de derecha de gran circulación y de los medios locales afines a la oligarquía política y económica de Venezuela.

Resumiendo: los muertos cuentan para la imposición de “democracias” al estilo norteamericano e impulsadas por ese gobierno hipócrita de los Estados Unidos.

Pero, a pesar de la planificación, los cálculos fríos y la enorme cantidad de dinero (más de 250 millones de dólares, según un analista boliviano) empleada para pagar la fabricación de muertos (reales o ficticios) en Venezuela, otra vez a los yanquis les ha salido el tiro por la culata y esto es más que evidente en el resultado de la reunión de la OEA, donde (impresionantemente) 29 países apoyaron el mantenimiento de la democracia venezolana (espaldarazo al gobierno electo por mayoría, de Nicolás Maduro) y solo tres países apoyando la antidemocracia: los imperialistas Estados Unidos y Canadá, junto al satélite (gobierno que no pueblo de) Panamá. Esta es una bofetada al imperio que siempre campeó e impuso sus decisiones en la Organización de Estados Americanos y que cada vez más está siendo expulsado de lo que creyeron que era (según el propio Secretario de Estado, John Kerry) su “patio trasero”.

Los muertos cuentan, pesan, pero en esta ocasión el pueblo (los pueblos) ya van entendiendo la mecánica de la “fábrica” y no “compran” la mentira de las culpabilidades elaboradas en los laboratorios de la CIA y los medios de desinformación imperiales.

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