¡Aplastados!

Resultados no oficiales, según encuestadora Ipsos.

Resultados no oficiales, según encuestadora Ipsos.

La oposición al Proceso de Cambio boliviano fue aplastada. No queda otro calificativo en la combinación de letras del teclado. Sin embargo este no es un resultado definitivo, pues, hasta el momento de escribir este documento, el Tribunal Supremo Electoral no ha manifestado los resultados oficiales y los medios de comunicación han hecho públicos los resultados a boca de urna obtenidos por empresas encuestadoras autorizadas. Y bajo estos datos, la victoria del MAS no ha sido tan contundente como en los comicios de 2009, cuando llegó al 63% de preferencia.

Las reacciones han sido tan esperadas como los resultados que el pueblo gritaba desde las encuestas, desconocidas por las fuerzas contrarias al actual y continuante gobierno: los opositores se quejan de mucho poder por parte de Evo Morales, de uso y abuso de los medios de comunicación, de muertos votantes, de amenazas de castigo a quienes no voten por el MAS… o sea, todo su arsenal de descalificaciones y lamentos. Esto es una muestra de que les han golpeado en el mentón y se encuentran en la lona sin darse cuenta de qué les sucedió.

La realidad es bien sencilla. Resulta que la gestión de Evo Morales no puede pasar inadvertida, toda una sucesión de obras de importancia económica y social que, a pesar de las acusaciones, mentiras publicadas en esos mismos medios de comunicación que hoy los opositores denominan “propiedad o aliados del gobierno” y otras tácticas desinformadoras gestadas desde dentro y desde afuera, el pueblo sabe valorarlas y las siente como suyas, porque, por fin, un gobierno se preocupa por su bienestar: el teleférico de La Paz, el cual, según “analistas” opositores “no sirve como medio de transporte masivo” (sic.), solo vacían las filas en horas avanzadas de la noche; la planta separadora de líquidos; la planta industrializadora del litio, de cuya construcción primero dudaban los opositores y luego decían que los bolivianos no podrían operarla; el satélite de comunicaciones Tupac Katari, también difamado como inservible y que ahora presta un importante servicio en lugares de acceso remoto a donde antes no llegaba ni la telefonía ni la televisión; la red de carreteras primarias y secundarias que hoy unen a la gran mayoría de los territorios bolivianos hacia todos los puntos cardinales; la incipiente industria informática que ha dotado ya de computadoras gratuitas a miles de estudiantes, cosa antes nunca soñada por la juventud boliviana; y por supuesto, las miles de grandes y pequeñas obras sociales gestadas a través de los programas “Bolivia cambia, Evo cumple” y “Mi agua” en sus varios niveles, los bonos de seguridad social para madres y estudiantes primarios, los créditos a productores con facilidades de pago, programas de viviendas sociales y un largo etcétera de beneficios asegurados por las nacionalizaciones y la estabilidad económica del país plurinacional.

Lo que viene.

Lo otro que no ha valorado la oposición es el potente programa de gobierno previsto hasta después de 2020, denominado con justeza “Agenda Patriótica 2025”, que prevé, con acciones concretas, cambiar el panorama económico social boliviano en este período con trece pilares, orientados fundamentalmente a la reducción de la pobreza hasta el nivel cero, la industrialización, la generación de empleos, mayor calidad de la educación y la atención médica, entre otros beneficios que repercutirán en todo el pueblo.

Evo Morales ha propuesto al país ser el centro energético de Sudamérica, utilizando no solo los recursos petrolíferos y gasíferos que ya existen nacionalizados, sino también las energías renovables e incluso, la energía atómica con fines pacíficos y de desarrollo. En perspectivas también están las ciudadelas del conocimiento, que crearán las reservas científicas que hasta ahora le han faltado al país y en otra escala, la construcción de nuevos hospitales desde el primer al cuarto nivel en todos los departamentos, puesta en funcionamiento de un “tren bala”, ampliación de los teleféricos que cubren la ruta La Paz – El Alto, un satélite más, y la continuación de todos los programas sociales que tanto han beneficiado a miles de bolivianos de todas las edades.

Ante este panorama la oposición no pudo presentar nada nuevo o innovador, se contentaron con mostrar “planes de gobiernos” prácticamente copiados al MAS y sin explicar cabalmente cómo lo harían cumplir. Incluso se enredaron en sus propias contradicciones y “metieron la pata” desnudando sus verdaderas intenciones, como aquel Samuel Doria Medina que “soltó” eso del 50% para los inversionistas y 50% para el país, en referencia a las ganancias de las empresas que ahora son del Estado (que es decir el pueblo) y que en su gestión ministerial propició la privatización; o el Tuto Quiroga prometiendo reformar la policía, sin explicar que eso significa botar a muchos uniformados para conformar un cuerpo represivo de su confianza. El resto de los candidatos ni siquiera presentaron programas creíbles. La campaña de ellos se basó en insultos, descalificaciones y bravuconadas. En esto ha sido claro el Presidente: “Hay dos programas, la nacionalización frente a la privatización y con más del 60 por ciento ganó la nacionalización”. Los opositores no se han percatado de eso.

El Beni.

Beni, único departamento donde ganó el frente del candidato a vicepresidente Ernesto Suárez, pero donde el MAS tuvo un repunte importante, tiene una situación sui generis en un país donde el cambio del patriarcalismo y el servilismo a las clases pudientes hacia el verdadero poder popular se va consolidando. En este departamento, perteneciente a la desaparecida “media luna”, todavía sobreviven formas esclavistas de relacionamiento entre los terratenientes y ganaderos y “sus” trabajadores. Esta situación puede justificar el resultado que le dio ventaja a Unidad Demócrata, teniendo en cuenta el despliegue de campaña realizado por las alcaldías pertenecientes a la alianza de Suárez con Doria Medina y Rubén Costas, las cuales, desde mucho antes de que se diera el “vamos” a las campañas, ya exhibían los atributos de UD en todas sus movilidades e instalaciones y realizaban llamados a adherirse a esa opción. Aun así no evitaron que el Movimiento al Socialismo creciera en esa región y, por el porcentaje obtenido por la sigla popular y la tendencia nacional, más el debilitamiento de la oposición, no es de extrañar que en un tiempo no muy lejano esa correlación de fuerzas cambie a favor del MAS-IPSP.

El líder de las Américas.

Otro aspecto que no calcularon las fuerzas opositoras es el liderazgo de Evo Morales, no solo dentro de Bolivia, el cual es innegable, hasta el punto de no existir aun alguna candidatura que pueda hacerle frente, sino también, y con mucho peso en el terminado proceso eleccionario, el liderazgo mundial del Presidente, construido desde la desaparición física del Comandante Hugo Chávez, salvando, de paso, el proceso integrador latinoamericano que podría haberse resquebrajado de no llenarse ese vacío dejado por Chávez.

La dimensión internacional que ha obtenido Bolivia en estos últimos años se le debe a un hombre: Evo Morales Ayma. Y eso es algo que reconoce el pueblo, si hoy este país multicultural y plurinacional está en la mira del mundo y no precisamente por el narcotráfico, como era antes del gobierno de Morales y como han querido hacer ver los voceros opositores, es por la representatividad legítima que ha ganado Evo ante el mundo antimperialista.

Esto lo demuestra el Presidente boliviano en cada discurso, sea en un departamento de su país, sea en eventos de carácter mundial a los que participa o es invitado. Así también lo dejó claro en la alocución ante la victoria electoral del domingo: “Un sentimiento de liberación de nuestros pueblos- dijo – hasta cuándo seguiremos siendo colonia de los Estados Unidos… este es un triunfo anticapitalista y antimperialista”. El coro popular siguió a esas palabras con un rotundo “Patria sí, colonia no”, reflejo de que el actuar del Presidente ha calado hondo en el pensamiento de los bolivianos, que además de buscar la unidad entre ellos, asumen que el proceso de cambio boliviano trasciende las fronteras nacionales para convertirse en referente internacional.

Las campañas.

En esta oportunidad las campañas de comunicación políticas no han sido muy notorias. Ni las de oposición ni la oficialista.

Los candidatos de UD, PDC, MSM y el Partido Verde se concentraron en pedir debates a los oficialistas, en denigrar las figuras de Evo Morales y Álvaro García Linera, en acusar al gobierno de malos manejos económicos, narcotráfico, nepotismo y cuanto argumento negativo les cayera en mano o les dictaran desde quién sabe dónde. Tampoco les sirvieron los programas de “relaciones públicas” que les armaron esos mismos canales televisivos que ahora señalan como cuasi responsables de su derrota y que pomposamente denominaron “programas de debate”. El embanderamiento de plazas, pegado (y quitado mutuamente) de afiches, ensuciar las calles con volantes que prácticamente nadie leyó y las marchas con más o menos seguidores, cosas tradicionales, tampoco les sirvieron y ni hablar de las “confrontaciones” en las redes sociales, salpicadas al final de rumores mal intencionados y ofensas a los representantes masistas, rayando en la discriminación y el racismo.

Pero la campaña oficialista tampoco fue brillante (aparte del magnífico tema musical compuesto e interpretado por el oriental Aldo Peña). Igual se utilizaron las formas tradicionales de campaña, los productos publicitarios y propagandísticos se debatieron entre lo conocido y superficial y la defensa de la propuesta oficial en las redes sociales fue apasionada y tenaz. Más o menos lo que hicieron todos.

Entonces ¿qué marcó la diferencia?

La diferencia la hizo algo que ya el Presidente había anunciado antes de comenzar la contienda electoral: “Mi mejor campaña son las obras”. Una verdad como un templo. Por eso las encuestas se acercaron tanto a lo que sucedió este 12 de octubre. Porque, por más que los medios de “in” comunicación se esmeren, la gente no es ciega y lo que ha hecho este gobierno está a la vista de todos y se siente en el bolsillo de todos, solo hay que ver cómo ha crecido la “clase media”, que ya no está compuesta únicamente por los “no originarios”. Por eso protestaban los opositores, porque no querían que se mostraran los logros del gobierno, ya que- dijeron- los ponía en desventaja. Esto no es muy irreal, pero la desventaja está sustentada en que, cuando ellos estaban en el poder, no hicieron nada positivo que fuera demostrable, solo se enriquecieron lo suficiente como para que Doria Medina construyera su emporio económico basado en la privatización de empresas y recursos nacionales y que Tuto Quiroga tenga residencia en Estados Unidos y a sus hijos estudiando en caras universidades capitalistas.

Sigo sin entender el tema de las alianzas. En la parte opositora se entiende que busquen a toda costa unificar el voto ante la fuerza aplastante del pueblo unido en una sigla revolucionaria. En la parte del MAS, no estoy muy seguro que dé buenos resultados tal práctica tradicional de los partidos políticos latinoamericanos, pues aunque se lograra ganar algunos votos, muchos simpatizantes o adeptos pudieran sentirse defraudados y, si bien no sufragar en contra, se verían tentados a dejar en blanco o anular sus papeletas y en el peor de los casos a votar cruzado, perjudicando el interés hegemónico de la masa vencedora. Oruro, Potosí, Cochabamba y La Paz disminuyeron, a pesar de los esfuerzos y las inversiones, en Santa Cruz no se subió demasiado y los puntos percentuales ganados, estoy seguro, fueron debidos a la cantidad de obras de impacto y la tranquilidad económica que el Presidente le ha asegurado a esa región, considerada el “motor” productivo del país. Ante los resultados de hoy, y espero equivocarme cuando el TSE ofrezca datos oficiales, esa decisión de unirse a elementos históricamente contrarios a la revolución popular más que sumar, resta.

El panorama que queda a Bolivia.

Más allá de los pedidos de impugnación, las acusaciones de ilegalidad y toda la serie de denuestos que transmitirán por los medios de comunicación, como pasa siempre que la oposición al cambio pierde, a Bolivia le queda un camino largo por recorrer. Evo Morales ha llamado a “pensar en grande” y realizar todo lo prometido en campaña, cosa que no es descabellado creer que se va a cumplir, teniendo en cuenta lo que se ha avanzado hasta ahora en materia económica y social y las obras que se han hecho a favor de todo el pueblo boliviano y no solo de una minoría.

La oposición está prácticamente desaparecida, a pesar de las bravatas que Rubén Costas vierte desde Santa Cruz (ganada en estas elecciones por el MAS); el MSM casi pierde su sostenibilidad legal (algunos analistas aconsejan que Juan del Granado se retire y pase el batón al joven alcalde de La Paz, Luis Revilla); la Unidad Demócrata, no obstante haber quedado en segundo lugar (pero muy lejos del MAS), concentró fuerzas que por ley natural de la política no se van a mantener incólumes durante mucho tiempo, por su variedad y diferencia de intereses entre las facciones madres que la formaron coyunturalmente. Otro tanto sucede con el demasiado verde Partido Verde, formado por “ecologistas”, pero dirigido por un ingenuo, desconocido y poco creíble Fernando Vargas. El caso de Jorge “Tuto” Quiroga es algo “aparte”: las fuerzas opositoras mayoritarias (si es que pueden llamarse así) consideran a “Tuto” como un advenedizo que sirvió indirectamente al MAS dividiendo a una oposición ya más que dividida.

Hoy, los núcleos duros opositores al Proceso de Cambio en Bolivia hablan de falta de democracia, teniendo en cuenta la mayoría obtenida por el Movimiento al Socialismo en ambas cámaras de la Asamblea Plurinacional. Pero se abstienen de hacer referencia a la época en que ellos eran la mayoría, a partir de una democracia al estilo norteamericano donde varios partidos políticos representaban la misma manera de gobernar y se turnaban en el ejercicio del poder, “pasando el rodillo” a las representaciones de la minoría (minoría en el Senado, mayoría en el pueblo), sin que entonces protestaran por la continuidad en el poder, por ejemplo, de “Tuto” Quiroga quien buscaba esta vez un tercer mandato y Gonzalo Sánchez de Losada que gobernó tres veces.

Así, el panorama que se le presenta a Bolivia es, a todas luces, de desarrollo, sin que una “oposición” oligárquica y reaccionaria vete los planes de avanzar por la senda que acabará con la pobreza, las desigualdades y la construcción de un país mejor, con la filosofía del “vivir bien” como faro, donde la honestidad y la transparencia sustituyan a la corrupción que legaron los gobiernos coloniales y neoliberales y en el cual los recursos naturales y las empresas estratégicas del estado sean y sirvan a los intereses populares, controlados y fiscalizados por las propias organizaciones sociales. Ése es el reto que enfrenta Evo Morales en su próximo nuevo gobierno: afianzar el Proceso de Cambio y fortalecer la Revolución Democrática y Cultural en la senda del “Vivir Bien”.

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