Conciencia revolucionaria: el camino del cambio.

evomoralesEn la historia de la humanidad se han sucedido muchas revoluciones sociales, unas burguesas, como la de Francia (1789-1799); otras socialistas, como la rusa (que desembocó en la creación de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, URSS); la mexicana de 1910 y la cubana, por solo mencionar algunas. La mayoría de ellas dejaron de existir (exceptuando a Cuba), más tarde o más temprano por causas similares, resumidas en la pérdida de la conciencia revolucionaria.

La revolución ocurre en un país cuando el pueblo toma conciencia de las injusticias por las cuales un sistema le mantiene en un estado paupérrimo mientras un pequeño grupo adueñado del poder y los medios de producción, vive muy bien a costa del esfuerzo y el trabajo de las masas. Esta concientización se da tras un proceso de reconocimiento histórico, el surgimiento de líderes que guían el pensamiento y la acción y por la propia situación insostenible para las clases oprimidas, sean campesinos, obreros o clase media. Pero si las personas que se adhirieron a la revolución, cuando llegan al poder, ven a éste sólo como una manera de enriquecerse y “aprovechar el momento”, éstas personas, carentes de conciencia revolucionaria real, le hacen un gran daño al proceso y pueden incluso, hacerlo retroceder hasta posiciones de partida. Ahí radica la importancia de crear una verdadera conciencia revolucionaria, que supere el lastre del regionalismo, gremialismo, sectorialismo, que pesa sobre la sociedad boliviana, poniendo en juego, o, en el menor de los males, desacelerando el Proceso de Cambio que se lleva a cabo con el loable objetivo del “Vivir Bien” para todos y todas.

En la sociedad actual boliviana, inmersa en la lucha desatada dentro del “Proceso de Cambio” entre los antiguos detentores del poder (oligarquía, terratenientes, políticos de derecha, grandes empresarios, etc.) y los actuales “oficialistas” (el pueblo antes explotado y marginado, ahora representado en la figura del líder indígena-originario Evo Morales Ayma), se dan una serie de conflictos supuestamente internos de la masa revolucionaria, bien aprovechados por la “oposición” y magnificados por los medios de comunicación masiva: sectores (campesinos, mineros, trabajadores de la educación, de servicios públicos, incluso la policía nacional) que salen a las calles a “reivindicar derechos” grupales, muchas veces, casi siempre, con manifestaciones violentas (el bloqueo de vías importantes ya sean en la red fundamental o calles en las ciudades, el uso de explosivos, la ofensa a autoridades y a personas de “a pie”, también son modos violentos), que olvidan totalmente el reconocimiento de los derechos de los demás, los “otros” que no pertenecen al gremio protestante. Cuando esto sucede, el análisis más simple refiere a la carencia de un factor muy importante para cualquier revolución social socialista: la conciencia revolucionaria.

Conceptos y definiciones de conciencia social y conciencia revolucionaria.

La definición de la Real Academia de la lengua Española (RAE) manifiesta que conciencia es: 1) el conocimiento que el ser humano posee sobre sí mismo, sobre su existencia y su relación con el mundo. 2) Conocimiento detallado, exacto y real de algo: conciencia social, medioambiental. 3) Capacidad de discernir entre el bien y el mal a partir de la cual se pueden juzgar los comportamientos.

Para algunos autores, sobre todo de psicología social, la palabra “conciencia” proviene del latín conscientĭa (con conocimiento); para otros se traduce del griego synéidēsis, de syn (con) y éidēsis (conocimiento), en ambos casos se refiere al conocimiento de sí mismo, aplicado a lo ético, a la valoración de bueno y malo en las acciones personales. Conciencia es la comprensión del ambiente que nos rodea, del mundo interno y externo y la realidad de los demás. Existe otro grado de conciencia, en el plano fisiológico, la consciencia como contraria del sueño, pero no es el caso que nos ocupa.

La conciencia para el ser humano implica una interrelación de procesos cognitivos que comienzan en las edades tempranas, a través del juego, la escuela, la familia, las instituciones religiosas, las instituciones sociales y jurídicas, implicándose cada una de ellas en distintas etapas de la vida, hasta crear en la mente un sistema de concepciones y convicciones como ideas incuestionablemente válidas, afianzadas y reforzadas por las experiencias propias. Ello desemboca y repercute en la formación de una conciencia social que guiará a la persona en su toma de decisiones ante determinados sucesos públicos y su actitud ante la vida.

Carlos Marx consideraba que “la conciencia humana está condicionada por un intercambio dialéctico de acción y reacción entre el sujeto y el objeto.” Este “intercambio dialéctico” se da puramente en las relaciones del individuo o ser social (sujeto) con la sociedad en que vive y el lugar que en ella ocupa (objeto); para Marx “la conciencia está enraizada en la praxis humana, que a su vez es social. No es la conciencia del hombre la que determina su ser, sino, por el contrario, el ser social es lo que determina su conciencia”, algo así como que el hombre (género humano) no vive como piensa, sino que piensa como vive.

La conciencia social se manifiesta en forma de ideología política, conciencia jurídica, moral, religiosa y en los campos de la ciencia, el arte y la filosofía; cuando se dan las condiciones necesarias, puede derivar en conciencia revolucionaria, pero, como dice el mismo Marx: “La conciencia predominante de las clases populares contiene elementos de la burguesía, tradicionales, posiciones más o menos radicales y en ocasiones, en sectores más reducidos, ideas revolucionarias. Es difícil que el movimiento espontáneo de las ‘masas’ genere conciencia revolucionaria, ni siquiera en los períodos de fuerte lucha revolucionaria…” Este pensamiento del gran filósofo alemán refuerza la tesis en la Bolivia actual, de que 500 años de colonización han enraizado tanto las formas de pensar y actuar en sociedades coloniales, capitalistas y neoliberales, donde la corrupción y la marginación del “otro” es regla sin excepción, que la lucha por la “descolonización” del pensamiento constituye una batalla larga y difícil de librar.

Respecto a la conciencia revolucionaria, Lenin, en su teoría del partido intentó aclarar las relaciones entre “el espontaneísmo de las masas y la conciencia…” Afirmaba el gran revolucionario ruso que “las masas, dejadas a sí mismas, no pueden desarrollar una conciencia de clase, sino sólo una conciencia salarial o ‘sindicalista’.” (Diccionario de política, Vol. 2, p. 1626). Rosa Luxemburg criticó esta apreciación de Lenin respecto al “espontaneísmo” de las masas, considerando que éstas poseen autonomía de acción directa no privada de conciencia revolucionaria. Claro que esta conciencia revolucionaria debe ser cultivada por la “vanguardia” política-ideológica (en nuestro caso el MAS) en todos los ámbitos y sobre todo a través del propio ejemplo (actitud guevariana).

Tener conciencia revolucionaria implica sensibilidad ante el resto del pueblo (como lo enunciaba Ernesto “Ché” Guevara), rechazar la explotación del ser humano en beneficio de un grupo, respetar las diferencias y pensar siempre en el bien común.

Importancia de fortalecer la conciencia revolucionaria.

El Proceso de Cambio o Revolución Democrática Cultural que se lleva a cabo en Bolivia, engloba una serie de fuerzas sociales que provienen de un pasado común: explotados y marginados por la clase dominante de antaño; son campesinos, obreros, mineros, educadores, transportistas, etc., en cuanto a sus relaciones laborales, rechazados además por sus raíces originarias. Estas diferentes fuerzas sociales se convirtieron en revolucionarias de conjunto cuando se dieron cuenta que podían cambiar el statu quo neoliberal y colonial, basados en su número y su fuerza, entonces derrocaron al último gobierno neoliberal y llevaron a la cabeza del Estado a un “igual”, un líder indígena originario. Sin embargo no han podido liberarse de sus intereses grupales ante la construcción de un objetivo común: el bienestar de todos los bolivianos. No puede negarse que cada sector, ya sea por pertenencia laboral, social o ¿racial?, contiene un germen revolucionario que lo lleva a apoyar el Proceso de Cambio desde sus posiciones propias; no obstante anteponen sus “necesidades” gremiales a las necesidades de todo un país en construcción. Por eso no siempre puede entenderse que sectores beneficiados con medidas sociales (no es necesario mencionar alguno) bloqueen caminos y calles e interrumpan la vida económica y social de las ciudades y el país, exigiendo prebendas que a todas luces significarían, en determinado momento, un daño al Estado y al propio pueblo en general. No se concibe que los mineros cooperativistas, suficientemente beneficiados por el gobierno actual, pretendan con posiciones de fuerza ponerse al margen del Estado y sus leyes fundamentales, de espaldas al interés general de toda la población, intentando apropiarse ellos únicamente, de la explotación de los recursos naturales que, constitucionalmente, les pertenecen al cien por ciento de los bolivianos. Estos mineros (otrora “clase revolucionaria”) adoptan posiciones de clara defensa a intereses neoliberales (el neoliberalismo creó el Decreto 21060 y los desplazó en su momento, el gobierno de Evo Morales los reposicionó), dándole la razón a quien dijo que: “Cuando una persona se autocalifica como revolucionario pero al llegar a instancias de poder se enriquece y se olvida de su función como servidor público, entonces era un revolucionario teórico que ignora lo que pregona, está desprovisto de conciencia revolucionaria.” (Efraín José Granadillo, Universal News.Net, Otra realidad. http://www.universalnews.net/es/otra-realidad/noticias/).

Ahí radica la importancia de fomentar y fortalecer la conciencia revolucionaria en las filas de los adeptos al Proceso de Cambio y la revolución boliviana, que significaría terminar con los oportunismos y cambiar la imagen que generan los medios de comunicación masiva ante casos dados de tales malos funcionarios.

Mao Tsetung identificaba así a los revolucionarios: “Quien toma partido por el pueblo revolucionario es un revolucionario. Quien toma partido por el imperialismo, el feudalismo y el capitalismo burocrático, es un contrarrevolucionario. Quien se coloca del lado del pueblo revolucionario sólo de palabra y no en los hechos, es un revolucionario de palabras. Quien se coloca del lado del pueblo revolucionario no sólo de palabra sino también en los hechos, es un revolucionario completo.” (Mao Tsetung, Obras completas, Ed. Lenguas Extranjeras, Pekín, t. V, p. 35 [el resaltado es mío]).

La afirmación de la conciencia revolucionaria en las masas populares permitirá, en un futuro, la relevación de los intereses particulares de algunos grupos y sectores en bien del Estado Plurinacional en su conjunto, cuando se asuma que las calles no son solo de los transportistas, que los recursos minerales no son solo de los mineros, que las riquezas del gas y el petróleo no son extraídas únicamente para el enriquecimiento de las regiones que los producen, sino que todo es de todos y los beneficios deben ser repartidos equitativamente para que les llegue de igual manera a cada boliviano. Cuando se comprenda esta idea (ideología) del bienestar común, se terminarán los conflictos internos y la unidad sustituirá a los regionalismos, sectorialismos y gremialismos hoy existentes.

En busca de la “conciencia revolucionaria”.

Álvaro García Linera compara a los revolucionarios con los cóndores: vuelo alto y mirada larga; dice: “El revolucionario nace en nido de cóndores” (Intervención ante la reunión anual de los grupos de formación política, en la Vicepresidencia del Estado Plurinacional de Bolivia, diciembre de 2013). No es que esté siempre en las alturas, mirando desde arriba a las masas que se revuelven en sus problemas allá abajo. Es ver con una misma mirada a todo el conjunto del pueblo, con sus diferencias, especializaciones, nacionalidades y estilos de vida por igual; buscar con vista larga y encontrar las similitudes y causas comunes dentro de esas “diferencias” artificiales, para bajar hasta la tierra (las bases), y lograr la unidad tan necesaria a la victoria del socialismo comunitario.

Esto será posible solo a través de un proceso constante de concientización y preparación político-ideológica, primero dentro del seno de las organizaciones sociales, instituciones públicas, educativas, servidores del Estado (“servidores públicos”, según el concepto del presidente Evo Morales), el propio Movimiento al Socialismo; que luego se irradiará hacia otros sectores de la sociedad aun tibios e indecisos sobre cuál propuesta apoyar, pero igualmente beneficiados por el Proceso de Cambio.

Para adquirir conciencia revolucionaria se debe contar con un sólido conocimiento de la historia, nacional e internacional, de los procesos de desarrollo y liberación humanos, no como una simple forma de cultura, sino como parte intrínseca del autoconocimiento (quiénes somos, de dónde venimos, hacia dónde vamos). Esto también implica el reconocimiento de a qué clase social pertenecemos; la oligarquía actual ha pregonado el fin de la historia y el fin de las clases, lo cual no es cierto en ninguno de sus ángulos. Si bien en Bolivia, por ejemplo, las llamadas “clase obrera”, “clase campesina”, “clase comerciante (pequeños)”, etc., se entrelazan, mezclan y confunden, constituyen solo subclases de una clase singular y amplia: los explotados por la otra gran clase antagónica, los oligarcas, representados en las figuras de grandes empresarios, terratenientes (sí, aún existen), logieros (masones por citar algunos) y otros animales políticos de derecha. El autorreconocimiento de clase es fundamental para la conciencia revolucionaria.

Crítica y autocrítica para el crecimiento político.

Es imposible dejar aparte la práctica de la crítica y la autocrítica, aunque a algunos, dentro de los círculos del “poder”, las evitan y tildan de “contrarrevolucionarios” a quienes las realizan. Mao Tsetung consideraba que “éste es un excelente método que nos impulsa en perseverar en la verdad y a corregir los errores, el único método correcto para la autoeducación y autotransformación de todo el pueblo revolucionario de un Estado popular.” (Mao Tstung, op. cit., p. 37). Y el intelectual revolucionario cubano José Martí declaraba: “La opinión enérgica es tan poderosa como la lanza penetrante: quien esconde por miedo su opinión y como un crimen la oculta en el fondo del pecho y con su ocultación favorece a sus tiranos, es tan cobarde, como el que en lo recio del combate vuelve grupas y abandona la lanza al enemigo.” (José Martí, Discursos, ed. Ciencias Sociales, La Habana, 1974, pp. 69, 70.). Ambos convienen en que el ejercicio de la crítica y la autocrítica es un arma poderosa en la transformación de una mentalidad pusilánime en otra activa y revolucionaria. Privar y privarse de las críticas y autocríticas significa fomentar la autocomplacencia, tan dañina para cualquier proceso revolucionario, actitud negativa que crea el “endiosamiento” de dirigentes y servidores públicos, no permite ver el camino con claridad y puede resultar nefasto para cualquier proyecto social.

La autocrítica y la crítica encuentran sus espacios, primeramente en una actitud personal consecuente con los principios revolucionarios, digamos que, ante la toma de cualquier decisión, se gesten las cuestionantes: ¿Qué voy a hacer, a quién voy a beneficiar, está acorde con el proceso que llevamos adelante, se enmarca en los valores que queremos defender, cómo va a repercutir? Las respuestas a estas preguntas pueden incidir en una buena toma de decisiones. El otro espacio para la crítica y autocrítica se encuentra en los talleres, cursos de preparación política, reuniones de trabajo y asambleas partidistas y de las organizaciones sociales.

Pero ¡cuidado!, hay que reconocer entre las críticas y autocríticas constructivas y la hipercrítica acéfala, infundada, que solo busca mostrar los lunares sin proponer soluciones, haciendo más daño que bien, pues tiende a confundir incluso a los propios revolucionarios.

Praxis revolucionaria y conciencia.

Junto con la crítica y la autocrítica, la conciencia revolucionaria se nutre además de la praxis revolucionaria; esto es predicar con el ejemplo, ser revolucionario a tiempo completo; como ya lo identificaba Mao Tsetung, repito: “quien se coloca al lado del pueblo sólo de palabra y no en los hechos, es un revolucionario de palabras.” (Ibídem). Es fácil acceder a determinados puestos utilizando un discurso revolucionario encendido, para luego, cuando se está instalado cómodamente en su (grande o pequeño) espacio de “poder”, es más fácil aun recurrir a las prácticas normales del sistema heredado y caer en la corrupción, como cualquier funcionario público de antaño. A este respecto, el líder Evo Morales precisó: “Hemos empezado a dignificar la política. La política no es para hacer plata, hermanas y hermanos, ni para beneficiar a intereses sectoriales, es para permitir que el pueblo participe directamente en las decisiones y en la definición de las políticas”. Y eso es precisamente la práctica revolucionaria, no dejarse adormecer o tentar por los cantos de sirena del dinero, cultivar la honestidad, desarrollar los valores humanos (no capitalistas) y demostrar en los hechos que el nuevo sistema social no es “más de lo mismo”.

La Educación es un puntal base en la creación de una conciencia revolucionaria. Es necesario formar a las nuevas generaciones en un pensamiento de unidad e igualdad, no solo de derechos jurídicos, como plantea la norma: “Todos somos iguales, ante la ley”. Educar, palabra clave (no solo  “enseñar”), a los niños y los jóvenes en los valores ético-sociales de igualdad, solidaridad, equidad, sensibilidad y los valores comunitarios rescatados de la voracidad neoliberal. Ya existe la ley educativa “Avelino Siñani – Elizardo Pérez”, toca implementarla y ejecutarla en toda su proyección, borrando poco a poco los residuales de la educación neoliberal que potencia el individualismo frente a una mentalidad (intrínseca en el boliviano, pero ocultada por cientos de años) comunitaria.

Para hablar de conciencia revolucionaria se necesita de hechos concretos que demuestren su existencia y que la unidad sea básica para cualquier acción revolucionaria que se quiera ejecutar.

¿Formación de “líderes” o formación de “cuadros”?

He aquí dos conceptos que tienden a confundirse: ¿líderes o cuadros? La primera forma es un “invento” de las ONGs que se dedican a la “formación de líderes” sobre todo campesinos, pero también extienden sus tentáculos a otros sectores sociales donde puedan afianzar sus políticas pro-neoliberales.

Partamos de un hecho históricamente comprobado y que la psicología social acepta como postulado válido: los líderes no se forman, ellos nacen con la capacidad de atraerse simpatías y adeptos en distintos campos del relacionamiento y la actividad humana y adquieren conocimientos y habilidades durante el proceso de su educación formal, relaciones laborales, sociales, políticas, etc. Por tanto, “formación de líderes” es un término engañoso utilizado por ciertas ONG’s con una doble intención: por una parte, crear dirigencias sociales afines a los principios en que dichas organizaciones se manejan, la mayoría de las veces neoliberales y prebendistas, y por otra, solapadamente, socavar la posición de líder del Presidente Evo Morales, único genuino que dirige desde las bases el Proceso de Cambio. En cuanto a las Organizaciones No Gubernamentales, ya lo dice Álvaro García Linera en su libro El “oenegismo”, enfermedad infantil del derechismo,: “…se trata de ONG’s, que durante años, crearon una relación prebendal y de neocolonización mental hacia diversas organizaciones sociales y principalmente hacia algunos dirigentes. (…) buscan suplantar el pensamiento y acción organizativa de los sectores populares indígenas y campesinos, y a través del uso discrecional y selectivo del dinero, financian los viajes de los dirigentes, elaboran documentos a nombre de las organizaciones sociales, dirigen las propias reuniones de estos sectores y promueven pequeñas marchas en oposición al Gobierno…” (Álvaro García Linera, El “oenegismo”, enfermedad infantil del derechismo, Vicepresidencia del Estado Plurinacional de Bolivia, p. 10.). Obviamente no son todas las ONG’s, pero muchas de las presentes y ausentes hoy en Bolivia, se han dedicado a la “formación de líderes” y de sus programas han salido individuos representativos del accionar contrario a las legítimas decisiones del pueblo, que cuestionan constantemente al Gobierno, promueven marchas y protestas, pero no aportan soluciones válidas a las normales contradicciones que contiene cualquier proceso revolucionario.

Entendido esto, es de desconfiar de los programas de “formación de líderes”, en principio porque el único líder es Evo Morales Ayma y no se avizora otro en el horizonte. Lo que corresponde a la preparación política ideológica de dirigentes de organizaciones sociales, campesinos, jóvenes y pueblo en general, con vistas a garantizar la continuidad del Proceso de Cambio y la revolución, es la “formación de cuadros”.

¿Y qué es un “cuadro”? Ernesto ‘Ché’ Guevara lo definía así: “…un cuadro es un individuo que ha alcanzado el suficiente desarrollo político como para poder interpretar las grandes directivas emanadas del poder central, hacerlas suyas y transmitirlas como orientación a la masa, percibiendo además las manifestaciones que esta haga de sus deseos y sus motivaciones más íntimas. Es un individuo de disciplina ideológica y administrativa,…; cuya fidelidad está probada…, de tal manera que está dispuesto siempre a afrontar cualquier debate y a responder hasta con su vida de la buena marcha de la Revolución…”

De ahí se desprende que un “cuadro” de la revolución, del Proceso de Cambio, es una persona con la suficiente conciencia revolucionaria para llevar adelante y hacer comprender al pueblo el objetivo final del cambio, la política del “Vivir Bien”. Esto requiere años de una adecuada preparación política, teniendo en cuenta los temas abordados anteriormente (Supra), junto a la autopreparación del aspirante a cuadro militante y a la praxis revolucionaria consecuente. Dentro de esta praxis está la difusión entre la masa de lo que aprende en cada taller, curso, reunión, ayudándole a ésta en la comprensión de las decisiones tomadas por la máxima dirección del movimiento en funciones de gobierno y evitando mal entendidos con éste. Cuando estos “cuadros” se encuentren listos y hayan probado (como dijo el Ché Guevara) su filiación revolucionaria, entonces el Proceso de Cambio, la Revolución Democrática Cultural, estará muy afianzada en el poder popular, ya no harán falta “invitados” y “tecnócratas” de corte burgués para administrar la cosa pública, el país (las masas populares en su conjunto de diferencias) logrará la total unidad en torno a su líder y su proceso, desaparecerá la corrupción y la exigencia por métodos violentos de “reivindicaciones” que pueden ser justas pero inadecuadas en determinado momento histórico-actual. No es cosa de días ni de meses, todavía transcurrirán años para lograr ese propósito, no obstante las simientes están siendo plantadas y los frutos se recogerán tarde o temprano, para el beneficio general.

Conclusiones.

Resumiendo, crear y fortalecer la conciencia revolucionaria es un imperativo para el Proceso de Cambio y para cualquier revolución que se geste desde las bases populares de cualquier nación, que trate de sustituir el sistema capitalista neoliberal, colonialista, por otro sistema de gobierno y redistribución de las riquezas nacionales más justo y equitativo. Rescato por su puntualidad las palabras del profesor Roberto Choque Canqui: “…para nosotros, que estamos dentro de los países en vías de desarrollo, implica un desafío implantar las acciones de lucha con el propósito de suprimir el colonialismo en todos los aspectos socioculturales, jurídicos, religiosos, políticos, económicos y las prácticas coloniales.” Para Roberto Choque es necesaria “…la implantación de un sistema educativo orientado hacia la política de descolonización mental y prácticas coloniales. De esta manera se podrá dar fin al colonialismo mental…” (Roberto Choque Canqui, Procesos de descolonización en Debate sobre el cambio, colectivo de autores, p. 38; Vicepresidencia del Estado Plurinacional de Bolivia.).

El fin del colonialismo mental y de hecho, viene de la mano con la afirmación de una conciencia revolucionaria real, a través de un proceso educativo (no necesariamente junto, pero sí paralelo al sistema educativo) de formación política que incluya los tópicos ya mencionados:

  • Conocimiento de la historia local, nacional, universal…
  • Interiorización de la pertenencia a una clase social.
  • Ejercicio de la crítica y la autocrítica.
  • Praxis
  • Cultivo de la honestidad y los valores humanos.

Concluyo con las palabras del líder del Movimiento al Socialismo y Presidente del Estado Plurinacional de Bolivia, cuando advertía que el Proceso de Cambio no es para un solo sector, sino para todo el pueblo boliviano:

“Quiero recordar a los movimientos sociales pero especialmente al movimiento campesino, nuestras marchas desde el Chapare, desde Cochabamba y, a veces, desde Caracollo, han sido por la Patria: en lo político por la dignidad y soberanía del pueblo boliviano y en lo económico por la recuperación de nuestros recursos naturales. La lucha no ha sido para defender sólo la coca.”

Esto es ejemplo de conciencia revolucionaria.

Bibliografía.

Cuba Siglo XXI. (http://www.nodo50.org/cubasigloXXI/politica/valderrama2_310502.htm)

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