Cuba – Estados Unidos: la dignidad no se negocia

Por: Vicente Manuel Prieto Rodríguez

maxresdefaultSegún los ideólogos y operadores eternos del gobierno de Estados Unidos, todo y todos tienen un precio… Y Cuba debía tenerlo. Por eso se han enfrascado en aplicar todas las formas habidas y por haber, para lograr el objetivo planteado por John Quincy Adams, allá por el lejano año de 1823, cuando pretendió que Cuba debía caer en manos de Estados Unidos “como una fruta madura”.  De entonces acá muchas cosas han sucedido y no precisamente a favor del deseo de E.E.U.U de anexarse a la isla, pasando por intentos de desestabilización interna, agresiones militares, atentados, subversión, sanciones e intentos de magnicidio.

Lo más reciente, que data de unos 53 años, ha sido el criminal bloqueo económico que ha costado a Cuba pérdidas por más de un billón de dólares y una baja considerable en el nivel de vida de sus ciudadanos, como consecuencia directa de la criminal y genocida medida unilateral extraterritorial.

A partir del 17 de diciembre, el escenario en las relaciones Cuba – Estados Unidos pareciera que va a cambiar. En las reuniones posteriores para delimitar las acciones que concreten el acercamiento definitivo, cada país ha dejado clara su posición: USA pretende los mismos cambios que siempre ha exigido, abrir la sociedad y la economía al liberalismo de mercado, con todo lo que ello supone (entrada del capital sin control, privatización de empresas estratégicas y recursos naturales, libre circulación del capital, que permitiría la fuga de éste…), además de realizar lo que ellos denominan “elecciones libres multipartidistas”. En resumen, lo que plantea Estados Unidos a Cuba es más de lo mismo y como dijera una funcionaria participante en las reuniones: “la política ha cambiado, el objetivo es el mismo” (apoderarse de Cuba).

Por su lado, la isla rebelde ha planteado que el acercamiento o restablecimiento de relaciones parte por un respeto mutuo a la soberanía y las decisiones de cada pueblo; es imperante que Estados Unidos levante sin condicionamientos el bloqueo genocida, que descongele las cuentas cubanas en bancos extranjeros, que desista de la política migratoria de “pies mojados – pies secos” o Ley de Ajuste Cubano y que no se inmiscuya en los asuntos internos de Cuba. La potencia imperial no ha aceptado hasta ahora. Siguen empeñados en condicionamientos que, por principios, Cuba no va a aceptar. No se debe olvidar, en este contexto, que la ruptura de relaciones totales entre ambos países ocurrió precisamente con el triunfo de la Revolución cubana, y tras la nacionalización de los recursos nacionales y que, desde entonces, Estados Unidos no ha dejado de organizar, financiar y ejecutar acciones agresivas contra el país caribeño, que le ha costado a éste miles de vidas inocentes.

En estos último meses se han visto interesantes “jugadas de ajedrez” entre ambos gobiernos. Obama muestra a Cuba un rostro bonachón, prometiendo a los cubanos el oro y el moro, mientras que se gira violentamente hacia Venezuela y le muestra los dientes, nombrándola “amenaza inusual y extraordinaria para la seguridad nacional de Estados Unidos”, que es, intrínsecamente, una declaración de guerra. Además de eso, el gobierno asentado en la Casa Blanca planta una base militar yanqui en Perú, envía allá más de 3000 efectivos, refuerza las bases militares en Paraguay y financia la incursión de bandas paramilitares colombianas en territorio venezolano. Comparando unas acciones con otras, no parece que USA vaya a ser en realidad un “buen vecino”, más bien se nota la influencia de la política de Roosevelt, mostrando suavidad en el discurso en un lado y empleando el garrote por otro.

Si Estados Unidos pretendió crear un boom pronorteamericano dentro de Cuba y amarrar las manos del gobierno revolucionario ante la amenaza planteada a Latinoamérica y lograr matar dos pájaros de un tiro: acabar por fin con la Revolución cubana y destrozar las alianzas regionales como el ALBA, la CELAC, UNASUR, etc., ese tiro le salió por la culata. Cuba negociará, ya lo dijo Raúl Castro, con Estados Unidos, pero no aceptará presiones ni imposiciones, la dignidad, los principios, los logros sociales obtenidos en todos estos años de lucha no serán negociados. Tampoco está en duda la hermandad con los pueblos latinoamericanos y caribeños y el apoyo irrestricto a las decisiones soberanas de cada pueblo y sus proyectos sociales opuestos al imperialismo.

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