Archivos Mensuales: mayo 2015

Libertad de expresión sí, ¿y la ética qué?

Por: Vicente Manuel Prieto Rodríguez

libertad expresion “En Bolivia hay libertad de expresión en exceso”, esa frase ha generado un revuelo entre los representantes de la prensa y ciertos medios de comunicación que se han sentido agredidos y coartados en su derecho humano a difundir la información. Nada más alejado de la verdad. Y si nos ponemos analíticos podríamos refrendar la frase, ya que, comparando otras realidades nacionales de todo tipo y de anteriores épocas en Bolivia, hay que reconocer que hoy sí existe aquí un exceso de libertad para decir las cosas, ciertas o no, en los medios de comunicación masiva.

Varias preguntas se han hecho a partir de la declaración cuestionada, algunas apuntan a cierre de instituciones periodísticas, encarcelamiento de periodistas y a una supuesta concentración de medios informativos en manos del Estado. En verdad me preocupó este tema y me dediqué a buscar más información. No he encontrado un solo ejemplo de medios de comunicación bolivianos que hayan sido clausurados por su ejecutoria expositiva, ni siquiera los ultra-opositores “Página 7”, “ERBOL”, “Unitel” o “Cadena A”, que, literalmente, astillan la gestión gubernamental día tras día, con motivo o sin él, la mayor parte de las veces sin presentar pruebas constatables de errores o malos manejos pretendidos. De eso somos testigos todos los que nos informamos o desinformamos diariamente por esos medios. Muy aparte es el tema de las obligaciones que como empresa tienen las instituciones informadoras, como cualquier emprendimiento económico, de aportar al fisco con la regularidad requerida, cuestión que si se incumple implica sanciones que pudieran llegar al embargo o cese de sus funciones, lo cual se encuentra en las normativas del Estado.

Tampoco encontré casos de periodistas apresados por el ejercicio de su labor, excepto el lamentable hecho de aquel reportero en funciones de detective que violó normas del régimen carcelario para buscar su información con incuestionable valentía, pero abusando de su posición en detrimento de una investigación penal en curso.

Mucho menos evidente es la “concentración de medios en manos del Estado”, porque, analizando los contenidos y espacios de casi toda la grilla mediática sólo BTV, la radio Patria Nueva, la Agencia ABI y el periódico Cambio pertenecen al Gobierno y tienen presencia nacional, contra reconocidos oligopolios de medios, como el que existe en Tarija, y la cantidad de empresas privadas radiales, televisivas e impresas, por ejemplo, solo en La Paz hay más de 16 canales de TV pertenecientes a la empresa privada no oficialista, por tanto no es lógico pensar en un esquema de “cerco” mediático a la oposición, lo cual sí ocurre a la inversa y esto se ha visto claramente reflejado en las elecciones subnacionales pasadas cuando, con bombos y platillos, la mayoría de los canales y radios privadas dieron como ganadores a quienes no eran y la alegría por una supuesta derrota oficialista casi asumió ribetes de gritería micrófono en mano.

La parte a analizar seriamente es la ética que todo periodista y medio de comunicación debe asumir en función de su responsabilidad social. Hay que partir del hecho que un periodista no es el mensaje y en contadas ocasiones resulta parte del trascendido, la regla es que sea canal de la información y esa regla en Bolivia se rompe constantemente, autoconvirtiéndose el comunicador en juez y parte del hecho que objetivamente debería informar, sin colores, sin luces de más. Y no hablemos de las relaciones públicas en entrevistas televisivas, radiales y escritas. El rol social del periodista debe ser presentar la realidad sin maquillaje y si va a denunciar un hecho lesivo a los intereses populares, que está en todo su derecho y deber, tendría que presentar pruebas convincentes, documentadas, y no basarse solo en criterios personales o en lo que le ha contado alguien, porque así, en vez de aclarar y servir, convierte a la información en ruido, cuando no en rumor.

Esa actitud descrita, tan común en nuestros medios, no debería ser parte de la “libertad de expresión”, pues la libertad es un derecho que debe ejercerse responsablemente, sin ofender o denigrar al otro solo porque no comulgamos ideológicamente con ella o él. La ética periodística debe aflorar en cada comentario, en cada opinión, en cada reportaje. Lastimosamente las violaciones de dicha ética no son castigadas, pues el instrumento legal, la Ley de Imprenta es inadecuada e inaplicable. Por eso existen programas donde sus periodistas o locutores tergiversan hechos, palabras, editan a su conveniencia y publican incluso burlas a las autoridades electas democráticamente, eso es una falta de respeto y de ética que en Bolivia se deja pasar sin mayores consecuencias.

Por todo lo anteriormente expuesto y recordando el caso del presentador norteamericano que fue expulsado del canal de TV donde trabajaba porque comparó a Michelle Obama con un personaje del filme “El planeta de los simios”, se puede decir que sí, que en Bolivia hay “libertad de expresión en exceso” y ni siquiera la ley contra la discriminación ha podido frenarla.

Bolivia es otra, Chile sigue siendo la misma.

Por: Vicente Manuel Prieto Rodríguez 

Bolivia tiene vocación de paz, pero sabe reclamar sus derechos.

Bolivia tiene vocación de paz, pero sabe reclamar sus derechos.

Desde mi modesto análisis y mi más modesta opinión, resultan inquietantes las declaraciones de políticos y representantes chilenos respecto a la posición boliviana y sus alegatos en la reciente sesión de la Corte Internacional de Justicia de La Haya.

Bolivia ha presentado pruebas suficientes de que Chile aceptó tratar el tema marítimo más allá del Tratado de “Paz” de 1904, tratado impuesto por la fuerza de la parte chilena y la pusilanimidad de los mandatarios bolivianos de turno.

Estas pruebas podrían inclinar a la Corte a dar por sentado que si Chile entonces ignoró el Tratado que ahora tanto insisten en posicionar, ahora deberá continuar con las negociaciones para otorgar una salida al océano Pacífico con soberanía.

Y es en este sentido en el cual me preocupan las declaraciones de los personeros chilenos.

Tanto el Presidente del Senado chileno, Patricio Walker, como el Presidente de la Cámara de Diputados, Antonio Núñez, han introducido la idea de que “Bolivia no quiere negociar, sino que quiere obtener territorio chileno”, unida a otra idea fuerza, según la cual, la demanda marítima boliviana pone en peligro la paz y la estabilidad de la región. Esto lo compararía, salvando las distancias, con la declaración norteamericana de denominar a Venezuela como “peligro” para la seguridad de aquel país. También ambos políticos han coincidido en afirmar enfática y categóricamente que Chile “no cederá a Bolivia ni mar ni territorio”.

Todo lo anterior demuestra una falta de buena fe y la falacia de su buena vecindad.

Algunos “opinólogos” y twitteros chilenos filtran términos referentes a que Bolivia estaría en plan de regresar al estado de guerra de 1879, olvidando que fue Chile quien declaró la guerra entonces a Bolivia e invadió los territorios costeros bolivianos, ante la falta de presencia estatal y política en dichas localidades, que ya estaban ocupadas principalmente por chilenos.

La historia  refleja claramente los intereses económicos detrás de aquella fatídica contienda entre las bien armadas y apoyadas por Inglaterra, tropas chilenas y el mal formado ejército boliviano. También refleja la infame actitud de los gobernantes de turno, que cedieron territorio boliviano a espaldas de su pueblo por los intereses económicos y comerciales existentes entre las oligarquías bolivianas y chilenas.

Esa es la historia. Pero lo que no esperaban los delegados chilenos en La Haya, fue la fuerte posición de los alegatos bolivianos en la CIJ. Tal vez pretendían encontrarse con argumentos faltos de solidez, criterios improvisados y el antes tradicional “pataleo” de ex presidentes cuando tenían una baja aceptación popular.

Esta no es la misma Bolivia.

En la Corte Internacional de La Haya se ha presentado una Bolivia digna, que con mesura, pero también con bases fundamentadas, no va a suplicar ni armar ruido sin nueces, un país que se enfrenta a un tribunal internacional sabiendo defender su derecho, poniendo pruebas contundentes sobre la mesa y dejando nerviosos a los leguleyos chilenos, que se aferran a un solo argumento e intentan solapar el hecho de que Chile ha reconocido en diferentes momentos históricos que Bolivia tiene derecho a una salida al mar con soberanía.

Bolivia es un Estado Plurinacional que reconoce, incluso en su Constitución, el valor de la paz y las buenas relaciones con sus vecinos y la comunidad internacional; de hecho, su Ejército no pondera el armamentismo y trabaja sobre bases sociales y humanitarias internas, solo para la defensa propia del país y no para atacar a nadie, así que las pretensiones chilenas de “amenazas para la paz y estabilidad de la región” por la demanda boliviana, sobran.

Bolivia seguirá apoyando y promoviendo la paz en todos los ámbitos, como lo ha afirmado reiteradamente el Presidente Evo Morales, pero ello no impide que reclame sus derechos en los lugares pertinentes, como es en este caso, el Tribunal Internacional de Justicia de La Haya.