Bolivia es otra, Chile sigue siendo la misma.

Por: Vicente Manuel Prieto Rodríguez 

Bolivia tiene vocación de paz, pero sabe reclamar sus derechos.

Bolivia tiene vocación de paz, pero sabe reclamar sus derechos.

Desde mi modesto análisis y mi más modesta opinión, resultan inquietantes las declaraciones de políticos y representantes chilenos respecto a la posición boliviana y sus alegatos en la reciente sesión de la Corte Internacional de Justicia de La Haya.

Bolivia ha presentado pruebas suficientes de que Chile aceptó tratar el tema marítimo más allá del Tratado de “Paz” de 1904, tratado impuesto por la fuerza de la parte chilena y la pusilanimidad de los mandatarios bolivianos de turno.

Estas pruebas podrían inclinar a la Corte a dar por sentado que si Chile entonces ignoró el Tratado que ahora tanto insisten en posicionar, ahora deberá continuar con las negociaciones para otorgar una salida al océano Pacífico con soberanía.

Y es en este sentido en el cual me preocupan las declaraciones de los personeros chilenos.

Tanto el Presidente del Senado chileno, Patricio Walker, como el Presidente de la Cámara de Diputados, Antonio Núñez, han introducido la idea de que “Bolivia no quiere negociar, sino que quiere obtener territorio chileno”, unida a otra idea fuerza, según la cual, la demanda marítima boliviana pone en peligro la paz y la estabilidad de la región. Esto lo compararía, salvando las distancias, con la declaración norteamericana de denominar a Venezuela como “peligro” para la seguridad de aquel país. También ambos políticos han coincidido en afirmar enfática y categóricamente que Chile “no cederá a Bolivia ni mar ni territorio”.

Todo lo anterior demuestra una falta de buena fe y la falacia de su buena vecindad.

Algunos “opinólogos” y twitteros chilenos filtran términos referentes a que Bolivia estaría en plan de regresar al estado de guerra de 1879, olvidando que fue Chile quien declaró la guerra entonces a Bolivia e invadió los territorios costeros bolivianos, ante la falta de presencia estatal y política en dichas localidades, que ya estaban ocupadas principalmente por chilenos.

La historia  refleja claramente los intereses económicos detrás de aquella fatídica contienda entre las bien armadas y apoyadas por Inglaterra, tropas chilenas y el mal formado ejército boliviano. También refleja la infame actitud de los gobernantes de turno, que cedieron territorio boliviano a espaldas de su pueblo por los intereses económicos y comerciales existentes entre las oligarquías bolivianas y chilenas.

Esa es la historia. Pero lo que no esperaban los delegados chilenos en La Haya, fue la fuerte posición de los alegatos bolivianos en la CIJ. Tal vez pretendían encontrarse con argumentos faltos de solidez, criterios improvisados y el antes tradicional “pataleo” de ex presidentes cuando tenían una baja aceptación popular.

Esta no es la misma Bolivia.

En la Corte Internacional de La Haya se ha presentado una Bolivia digna, que con mesura, pero también con bases fundamentadas, no va a suplicar ni armar ruido sin nueces, un país que se enfrenta a un tribunal internacional sabiendo defender su derecho, poniendo pruebas contundentes sobre la mesa y dejando nerviosos a los leguleyos chilenos, que se aferran a un solo argumento e intentan solapar el hecho de que Chile ha reconocido en diferentes momentos históricos que Bolivia tiene derecho a una salida al mar con soberanía.

Bolivia es un Estado Plurinacional que reconoce, incluso en su Constitución, el valor de la paz y las buenas relaciones con sus vecinos y la comunidad internacional; de hecho, su Ejército no pondera el armamentismo y trabaja sobre bases sociales y humanitarias internas, solo para la defensa propia del país y no para atacar a nadie, así que las pretensiones chilenas de “amenazas para la paz y estabilidad de la región” por la demanda boliviana, sobran.

Bolivia seguirá apoyando y promoviendo la paz en todos los ámbitos, como lo ha afirmado reiteradamente el Presidente Evo Morales, pero ello no impide que reclame sus derechos en los lugares pertinentes, como es en este caso, el Tribunal Internacional de Justicia de La Haya.

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