Libertad de expresión sí, ¿y la ética qué?

Por: Vicente Manuel Prieto Rodríguez

libertad expresion “En Bolivia hay libertad de expresión en exceso”, esa frase ha generado un revuelo entre los representantes de la prensa y ciertos medios de comunicación que se han sentido agredidos y coartados en su derecho humano a difundir la información. Nada más alejado de la verdad. Y si nos ponemos analíticos podríamos refrendar la frase, ya que, comparando otras realidades nacionales de todo tipo y de anteriores épocas en Bolivia, hay que reconocer que hoy sí existe aquí un exceso de libertad para decir las cosas, ciertas o no, en los medios de comunicación masiva.

Varias preguntas se han hecho a partir de la declaración cuestionada, algunas apuntan a cierre de instituciones periodísticas, encarcelamiento de periodistas y a una supuesta concentración de medios informativos en manos del Estado. En verdad me preocupó este tema y me dediqué a buscar más información. No he encontrado un solo ejemplo de medios de comunicación bolivianos que hayan sido clausurados por su ejecutoria expositiva, ni siquiera los ultra-opositores “Página 7”, “ERBOL”, “Unitel” o “Cadena A”, que, literalmente, astillan la gestión gubernamental día tras día, con motivo o sin él, la mayor parte de las veces sin presentar pruebas constatables de errores o malos manejos pretendidos. De eso somos testigos todos los que nos informamos o desinformamos diariamente por esos medios. Muy aparte es el tema de las obligaciones que como empresa tienen las instituciones informadoras, como cualquier emprendimiento económico, de aportar al fisco con la regularidad requerida, cuestión que si se incumple implica sanciones que pudieran llegar al embargo o cese de sus funciones, lo cual se encuentra en las normativas del Estado.

Tampoco encontré casos de periodistas apresados por el ejercicio de su labor, excepto el lamentable hecho de aquel reportero en funciones de detective que violó normas del régimen carcelario para buscar su información con incuestionable valentía, pero abusando de su posición en detrimento de una investigación penal en curso.

Mucho menos evidente es la “concentración de medios en manos del Estado”, porque, analizando los contenidos y espacios de casi toda la grilla mediática sólo BTV, la radio Patria Nueva, la Agencia ABI y el periódico Cambio pertenecen al Gobierno y tienen presencia nacional, contra reconocidos oligopolios de medios, como el que existe en Tarija, y la cantidad de empresas privadas radiales, televisivas e impresas, por ejemplo, solo en La Paz hay más de 16 canales de TV pertenecientes a la empresa privada no oficialista, por tanto no es lógico pensar en un esquema de “cerco” mediático a la oposición, lo cual sí ocurre a la inversa y esto se ha visto claramente reflejado en las elecciones subnacionales pasadas cuando, con bombos y platillos, la mayoría de los canales y radios privadas dieron como ganadores a quienes no eran y la alegría por una supuesta derrota oficialista casi asumió ribetes de gritería micrófono en mano.

La parte a analizar seriamente es la ética que todo periodista y medio de comunicación debe asumir en función de su responsabilidad social. Hay que partir del hecho que un periodista no es el mensaje y en contadas ocasiones resulta parte del trascendido, la regla es que sea canal de la información y esa regla en Bolivia se rompe constantemente, autoconvirtiéndose el comunicador en juez y parte del hecho que objetivamente debería informar, sin colores, sin luces de más. Y no hablemos de las relaciones públicas en entrevistas televisivas, radiales y escritas. El rol social del periodista debe ser presentar la realidad sin maquillaje y si va a denunciar un hecho lesivo a los intereses populares, que está en todo su derecho y deber, tendría que presentar pruebas convincentes, documentadas, y no basarse solo en criterios personales o en lo que le ha contado alguien, porque así, en vez de aclarar y servir, convierte a la información en ruido, cuando no en rumor.

Esa actitud descrita, tan común en nuestros medios, no debería ser parte de la “libertad de expresión”, pues la libertad es un derecho que debe ejercerse responsablemente, sin ofender o denigrar al otro solo porque no comulgamos ideológicamente con ella o él. La ética periodística debe aflorar en cada comentario, en cada opinión, en cada reportaje. Lastimosamente las violaciones de dicha ética no son castigadas, pues el instrumento legal, la Ley de Imprenta es inadecuada e inaplicable. Por eso existen programas donde sus periodistas o locutores tergiversan hechos, palabras, editan a su conveniencia y publican incluso burlas a las autoridades electas democráticamente, eso es una falta de respeto y de ética que en Bolivia se deja pasar sin mayores consecuencias.

Por todo lo anteriormente expuesto y recordando el caso del presentador norteamericano que fue expulsado del canal de TV donde trabajaba porque comparó a Michelle Obama con un personaje del filme “El planeta de los simios”, se puede decir que sí, que en Bolivia hay “libertad de expresión en exceso” y ni siquiera la ley contra la discriminación ha podido frenarla.

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