Increíble, pero cierto.

Por: Vicente Manuel Prieto Rodríguez

Felipe Quispe, dirigente indígena originario, defendiendo los intereses de la oligarquía opositora.

Felipe Quispe, dirigente indígena originario, defendiendo los intereses de la oligarquía opositora.

A veces es difícil decir las cosas, pero, como reza un viejo refrán: “al pan, pan y al vino, vino”…

Resulta difícil creer ciertas cosas que se leen y escuchan en los medios de in-comunicación social de Bolivia. Difícil de creer porque no cabe en una mente razonable la posibilidad de que lo que se ha escuchado o leído o visto, tenga fundamentos racionales lógicos. Voy al grano.

Grupos de indígenas originarios, sí, como se lee: indígenas originarios, niegan la posibilidad de que el actual mandatario boliviano, un indígena originario, un “igual”, continúe haciendo gestión a favor de aquellos (ellos) que ayer, no hace mucho tiempo, estaban marginados, discriminados, humillados y ofendidos… ¿por quiénes?: Por la derecha, claro, la oligarquía, esos que hoy, desde la oposición, fomentan divisiones y compran conciencias para subvertir un sistema que les es ajeno (aunque productivo) y desean retomar el poder para continuar, ellos sí, con las prácticas neoliberales de vender y comprar todo, incluso los recursos que pertenecen al pueblo.

Ese grupo de indígenas originarios que pretenden frenar una posible continuidad gubernamental revolucionaria se une a otros grupos reaccionarios formados – increíblemente – por obreros, mineros, campesinos, estudiantes universitarios, “líderes” de Organizaciones Sociales, tontos útiles – que adoptan una posición anarco-sindicalista oponiéndose a todo lo que huela a gobierno, incluso si este gobierno ha sido electo por aplastante mayoría (los anteriores mandamases no sumaban ni siquiera el 30 % de votos electorales y tenían que hacer alianzas y coaliciones para gobernar) y no contentos con oponerse llevan a cabo violentas acciones “suaves” que buscan sembrar el descontento y desestabilizar la institucionalidad elegida.

El discurso preferido de los confundidos originarios y de los “confundidores” es “el respeto a la democracia”, y la pregunta que surge en cualquier cerebro pensante es: ¿cuál democracia? Porque en Bolivia, hasta el 2005 existió la democracia de los 30 %, o sea, gobernar con el apoyo de apenas un tercio de la población votante y después de esa fecha, Evo Morales ha obtenido siempre más del 60 % con cifras récords de asistencia a elecciones. Entonces estamos hablando de dos democracias: una al estilo colonial y neoliberal de discontinuidad funcional pero continuidad de facto y la otra, donde aquellos que antes eran discriminados de los espacios de poder hoy tienen la potestad de decidir, tienen los derechos que antes se les negaban y tienen la fuerza de ocupar sitios que, hasta hace diez años atrás, no podían ni imaginar pisar.

Lo que está sucediendo en la Bolivia Plurinacional es un vacío ideológico, causado por la falta de conocimiento histórico propio, que solo puede remitirse a los hechos más recientes, una desmemoria de todo lo que se ha sufrido, ocultado por los actuales aires de bonanza haciéndoles creer a estas clases hoy dignificadas que aunque vuelvan a gobernar los gringos, los qh’aras y los neoliberales, ellos van a mantener sus privilegios.

Se hacen muy flaco favor todos aquellos que por disgustos pasajeros, porque no les cae este o aquél, o porque no les cumplieron sus expectativas prebendales, pasan al otro bando y se convierten en voceros de intereses que jamás los beneficiaron, en “carne de cañón” de la inteligencia pro-gringa oligárquica que pretende regresar al poder utilizando una vieja fórmula colonial: poner al indígena contra el indígena para ellos recoger los frutos de la discordia, y, cuando regresen al trono, desaparecer de golpe todos los privilegios y logros alcanzados por quienes la oligarquía criolla y extranjera considera “inferiores”.

Buscar la unidad a través de una adecuada preparación y formación política ideológica, contrarrestando las influencias negativas de las “escuelas de líderes” oenegeístas, es una necesidad imperativa. Trabajar con los jóvenes, comenzar el recambio generacional de quienes ya cedieron a las presiones del capital, también es imperioso. Socializar la real esencia del nuevo sistema, su visión, los resultados esperados no inmediatistas y los beneficios para todo el pueblo boliviano, es una tarea pendiente de los medios de comunicación estatales y de las direcciones de comunicación de ministerios, entidades estatales e instituciones afines al partido de gobierno.

Para los grupúsculos que venden a sus hermanos por dinero, posiciones pírricas o simples promesas, la máxima imperial se pondrá otra vez de manifiesto: “Roma paga a los traidores, pero los desprecia”.

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