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MERCOSUR: Agreden a Venezuela y Argentina ocupa presidencia ilegalmente.

Por: Vicente Manuel Prieto Rodríguez

  • En un hecho poco usual en las relaciones internacionales, la Canciller venezolana, Delcy Rodríguez, fue agredida físicamente por la policía argentina, en el intento de impedirle participar en la Reunión Extraordinaria del Consejo del Mercado Común del Sur, realizada en la ciudad de Buenos Aires.
Canciller Delcy Rodríguez es bloqueada por la policía cuando intentaba entrar a la reunión de MERCOSUR

Canciller Delcy Rodríguez es bloqueada por la policía cuando intentaba entrar a la reunión de MERCOSUR

Por estos días, el impasse diplomático producido por la agresión de Argentina, Brasil y Paraguay contra Venezuela y sus representantes, en el marco de la reunión del MERCOSUR que tuvo lugar el pasado miércoles, ha provocado que la mayor parte de los medios de comunicación pertenecientes al círculo de las oligarquías locales de aquellos países, liderados por CNN y aun algunos medios en internet, intenten hacer ver a Venezuela como incumplidora de los acuerdos y normativas del ente comercial-económico de esta región, justificando el “golpe interno” con el cual le han retirado ilegalmente la presidencia “pro tempore”, la cual le ha sido otorgada fuera del marco del derecho a la República de la Argentina.

Las razones que manifiestan los Cancilleres de Brasil, Argentina y Paraguay para refrendar tal acción contra el país bolivariano se refieren al supuesto incumplimiento de Venezuela con las normativas del bloque comercial. Una de las condiciones básicas que exige el MERCOSUR a sus miembros es la obligación de cobrar el 30% arancelario del valor a la producción que ingrese fuera de la zona comercial del bloque, mientras que deberían establecer arancel cero a los productos que se elaboran al interior de este ente sudamericano.

Otra de las cuestiones aludidas para respaldar el veto a la permanencia de Venezuela en el MERCOSUR, es la supuesta violación de los derechos humanos por parte del Gobierno de Nicolás Maduro, razón sospechosamente parecida al argumento favorito manejado por la Casa Blanca de Washington cada vez que pretende descalificar a los Estados incómodos que no se ciñen a los designios del stablishment. Sin pretender ser más papistas que el Papa, pudiera estarse dando el caso de injerencia de intereses externos al bloque de integración regional.

Venezuela se unió al MERCOSUR en el año 2012, bajo los términos del “Protocolo de Adhesión”, cuyo compromiso era con “la consolidación del proceso de integración de América del Sur en el contexto de la integración latinoamericana para promover el desarrollo integral, y enfrentar la pobreza y la exclusión social, basado en la complementación, la solidaridad y la cooperación”, según reza en la documentación fundacional de la entidad comercial suramericana. Sin embargo, no puede decirse que Brasil y Argentina estén siguiendo estos preceptos y nadie ha intentado cuestionar su permanencia en el grupo, por lo cual se observa un marcado intento de interferir en los asuntos internos del país bolivariano a través de presiones regionales en el entorno de la integración.

Estamos dispuestos a asumir con la verdad por delante y con toda la tranquilidad que supone haber estado estos cuatro años asumiendo plenamente nuestro proceso de adhesión y ejerciendo esos derechos legítimos de Venezuela. Héctor Constant, diplomático venezolano.

El bloque de intercambio económico – comercial denominado MERCOSUR, no engloba a todos los países del área, por lo que habría que cuestionar si en realidad constituye un mecanismo válido para lograr unidad, equidad y eliminar la pobreza desarrollando al sub continente o es solo una forma más de las fórmulas estilo Tratados de Libre Comercio, con lo cual estaría perdiendo su valor integracional.

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Ecuador y la resistencia contra otro plan desestabilizador

Por: Vicente Manuel Prieto Rodríguez.

Ecuador_CorreaDesde el balcón del palacio de gobierno ecuatoriano, el Presidente electo, Rafael Correa, exclama: “Aquí van a mandar las grandes mayorías, acá está la Revolución ciudadana”.

Esta frase se produce en un momento en que la hermana República del Ecuador enfrenta un movimiento desestabilizador similar a lo sucedido en Venezuela, cuyas “guarimbas” dejaron heridos, muertos y caos social. Una vez más – esta vez lo sufre Ecuador – las derechas oligárquicas no se avienen a aceptar la democracia popular y mucho menos a ver cómo las decisiones que benefician a la mayoría del pueblo afectan sus bolsillos.

Eso es lo que ha pasado en el país suramericano de la mitad del mundo, luego de la propuesta de un par de leyes que regularían con mayores impuestos a la herencia y la plusvalía (o sea, las ganancias de los grandes empresarios), los opositores aprovecharon la incomprensión popular de las medidas en su propio rédito, provocando desde las redes sociales la confusión y el disgusto, pues ligaron el tratamiento de esas leyes a una supuesta carestía de la vida, cuando el objetivo real de estas es limitar las ya excesivas ganancias del sector empresarial y mejorar la función social de las recaudaciones, obligando a las esferas conservadoras a aportar más.

Pero el fenómeno político que sacude al gobierno de Rafael Correa no es nuevo y hasta me atrevería a pensar que se está gestando igual en otros países latinoamericanos que han optado por la democracia de los pueblos: la inserción de elementos oligárquicos burgueses (el empresariado es eso) en niveles de la institucionalidad gubernamental popular crea las condiciones para la desestabilización.

Hoy Ecuador se sacude entre marchas opositoras y contramarchas oficialistas, al estilo Venezuela, y al igual que en la Patria Bolivariana corren millones de dólares inyectados por intereses internos y foráneos reaccionarios, que sostienen las protestas y ¿por qué no? los intentos de golpes de Estado, tal cual se ha ido fraguando contra Correa por sus medidas ¿antipopulares o antioligárquicas?

Ya se tienen pruebas de que el objetivo final de las marchas de oposición apuntan a la toma violenta del palacio presidencial de Carondelet y si eso fracasa, mantener los enfrentamientos permanentes entre simpatizantes y no adeptos al gobierno, buscando, tal vez, una salida al conflicto que implique intervención de intereses extranjeros imperialistas.

De hecho, los nombres que lideran la confrontación opositora son ya un claro ejemplo de la vinculación caudillista con formas de operar harto conocida en el sub continente americano: Jaime Nebot, alcalde de Guayaquil, ligado a los intereses empresariales más reaccionarios y “uno de los grandes herederos y de los grandes especuladores de tierras” de Ecuador, según palabras del Presidente Correa; Andrés Páez, asambleísta de oposición, igualmente afectado por las medidas de equidad del gobierno ecuatoriano; Guillermo Lasso, líder de CREO, otra organización contraria a los intereses populares; el coronel César Carrión, perteneciente a las cúpulas militares de antaño; Mario Pazmiño, coronel retirado del ejército y ex jefe de inteligencia militar, muy cercano a la CIA norteamericana; y como si fuera poco, asoman sus colas peludas Mesías Tartamuez, alto dirigente de la organización sindicalista Frente Unitario de Trabajadores (FUT) puesto claramente al servicio de quienes debería combatir y, como siempre, toda la horda de “periodistas” pagados por los medios de in-comunicación de siempre, quienes irresponsablemente avivan la guerra mediática que confunde a la población y genera violencia.

Visto así, lo que sucede en Ecuador es un poco más de lo mismo: el intento de desestabilizar y descabezar un gobierno legítimo que se esfuerza por reducir la brecha entre los que tienen mucho y los que tienen poco o nada, atacado por los grandes intereses oligárquicos internos y externos, digamos, como de pasada, los intereses de los Estados Unidos de Norteamérica.

El Premio Nobel de la Paz quiere guerra.

“Déme Venezuela en qué servirla, ella tiene en mí un hijo”. José Martí.

Barack-Obama-3El Oriente Medio está lejos y por allá han agotado las guerras que pelear o inventar. América Latina está mucho más cerca y la superpotencia imperial necesita otro episodio bélico para quitar de la vista de sus ciudadanos el fantasma de la crisis y los fracasos en materia de política internacional.

No han encontrado mejor contrincante que Venezuela, ese país indómito que no quiere aceptar los consejos, injerencias, presiones y ni siquiera se doblega con las sanciones del Gendarme Mundial.

Primero, Obama Imperatori declara que el país bolivariano y chavista es una “amenaza para la seguridad y la política exterior” de Estados Unidos. Luego pide al Congreso que le dé la potestad de “atacar a cualquier país del mundo” que se oponga a los designios del Emperador. Cuasi declaración de guerra.

¿Por qué Venezuela sería un “peligro para la seguridad nacional” y la política exterior del país mejor armado del mundo? ¿Ha amenazado el gobierno de Nicolás Maduro con atacar e invadir el territorio norteamericano y sembrarlo de bases y autoridades venezolanas? ¿Pretende la República bolivariana bloquear la economía estadounidense y sancionar a los países que comercien con estos? No parecen hipótesis válidas desde ningún punto de vista y el Imperatori no se ha molestado en explicar por qué Venezuela sería peligrosa. Tal vez porque es demasiado evidente que los problemas políticos y sociales a los que se enfrenta el país suramericano son cuestiones pura e incuestionablemente internas, que deben resolver los propios venezolanos, respetando su Constitución y las decisiones democráticas expresadas en elecciones populares.

¿Qué mueve a los “todopoderosos” Estados Unidos, a su Presidente sentado tranquilamente en Washington, a casi declarar la guerra a Venezuela?: El miedo. Sí, el miedo a que crezca y florezca en Latinoamérica otro sistema social que se les oponga con firmeza y dignidad, digamos, “otra Cuba”. Tampoco estaría errado decir que el petróleo de Venezuela es un motivo más, y no menos importante, ya que toda la maquinaria económica y bélica del gigante norteño está basada en ese combustible fósil, que ahora deben buscar allá, lejos, por las belicosas tierras medio-orientales.

Estados Unidos ha perdido mucha influencia en el continente americano, porque el bloqueo a Cuba no ha servido a sus intereses, porque Chávez desató con Venezuela un proceso de integración regional de varias aristas que siempre había sido desarmado por el Gigante de las Siete Leguas y hoy se fortalece y afianza, en un claro enfrentamiento desobediente ante el poder imperial. A esto se une el fracaso de la “nueva política hacia Cuba”, con la cual pretendieron lograr los objetivos largamente acariciados de hacer caer a la Revolución cubana, esta vez con un supuesto “acercamiento” que debería haber movido los cimientos de la sociedad cubana, pero que se quedó en un pequeñísimo temblor, terminado instantes después cuando dejaron caer la máscara del “buen vecino”.

Frustración, desespero, eso es lo que tiene el gobierno yanqui en estos momentos, pues le fallaron las sanciones, las guarimbas, los desabastecimientos especulativos y hasta el golpe de Estado. La revolución bolivariana sigue en pie, el pueblo venezolano sigue empeñado en construir su sociedad sin la tutela imperial.

Por eso Míster Obama, el Tío Imperatori, el detentor de “la paz” mundial, según un recientemente defenestrado representante de los Premios Nobel, apela a la conocida belicosidad del gobierno gringo y su “democracia” de dos partidos iguales con nombres diferentes, para detener a Venezuela y truncar su revolución por la fuerza. La amenaza de guerra en Suramérica es una realidad. Pero ya los pueblos están reaccionando.

 

Historia recurrente: todos contra el bloqueo y uno haciendo lo que le…

bloqueo-jpgEsta semana ha estado movida en la Organización de Naciones Unidas, los temas han ido desde la crítica a los fondos buitres que despedazan las economías periféricas, la necesidad de eliminar el armamento nuclear a favor de la paz internacional, el tema palestino y, como no puede faltar en ninguna de estas reuniones, la condena cuasi unánime contra el bloqueo genocida que mantiene dinosáuricamente desde la década del sesenta, Estados Unidos contra Cuba.

La historia de estos debates en el organismo “de regulación” mundial es recurrente. Año tras año, en espiral creciente, los países miembros del ente multinacional condenan el bloqueo económico y comercial que la potencia imperial norteña le ha aplicado a la pequeña isla por el delito de oponerse a ser una estrella más en su bandera plagada de posesiones coloniales.

Este bloqueo, que algunos pronorteamericanos llaman eufemísticamente “embargo”, hasta la fecha ha causado a los cubanos una pérdida de más de un billón 112 mil 500 millones de dólares, lo cual repercute fuertemente en los programas de salud, educacionales, de investigación, sociales, de viviendas y un largo etcétera de cuestiones que no avanzan como desean los propios habitantes de la mayor de las Antillas y que algunos apátridas, descerebrados y progringos insisten en culpar por ello a las autoridades nacionales cubanas.

Tantas miradas no pueden estar equivocadas, reza un viejo proverbio, y no es casual que, año tras año, la mayoría de los países se pronuncien a favor de levantar la arcaica medida “unilateral” de Estados Unidos y permitir que Cuba comercie con quien desee según sus decisiones soberanas y libres. No obstante, el gigante norteño, una y otra vez, hace oídos sordos, se compra un par de conciencias para que le acompañen en su irrespetuoso actuar frente a la comunidad internacional, y hace… lo que le da la gana, en este caso mantener y aun recrudecer el genocida, anacrónico, injusto e ilegal (son términos utilizados por los mandatarios en la ONU) bloqueo económico al país de los “históricos barbudos”.

Lo que sucederá el próximo 28 de octubre es conocido, como volver a ver “Titanic”: una aplastante mayoría de países unidos en la Asamblea General de la ONU votarán contra el bloqueo y un país, uno solo, Estados Unidos de Norteamérica, arrullado por un par de cómplices venales, casi siempre Israel y algún que otro país pequeño chantajeado en su necesidad de obtener créditos foráneos para sobrevivir, mantendrá su geróntica posición, aunque ya sabe que de ello no sale ningún fruto, sino un rechazo total a su política de doble rasero, que por un lado dice defender la democracia, la paz y la vida, mientras que por el otro destruye o intenta destruir pueblos enteros a través de las armas sofisticadas de exterminio masivo y de sanciones económicas que los ahoguen en necesidades reales o ficticias.

Particularmente no creo que esta cuestión vaya a dar un giro significativo. Norteamérica, herido en su amor propio colonialista, nunca va a soportar que un país, para colmo pequeño, decida su destino fuera de las presiones neoliberales y neocoloniales a solo pocos kilómetros de su imponente geografía física, económica, política y militar.