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ECUADOR: LA FÓRMULA DE LA MENTIRA REAPLICADA

  • En medio de acusaciones contra la gestión del actual mandatario ecuatoriano, Rafael Correa, el pueblo de Ecuador irá a las urnas el próximo domingo, presionado por la campaña mediática más sucia que se ha vivido en el país ecuatorial, similar a las últimas campañas en Bolivia y Estados Unidos.
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“El pueblo ecuatoriano debe estar atento a esta campaña sucia”, alertó el presidente Correa.

El domingo 19 de febrero habrá elecciones en Ecuador. Algunos consideran que este día será decisivo para la izquierda latinoamericana, teniendo en cuenta los recientes retrocesos y la percepción de crisis que ha sembrado la maquinaria comunicativa acerca de los gobiernos populares progresistas.

Rafael Correa, el líder ecuatoriano innegable, no estará en la contienda, lo cual aprovecha la oposición de aquel país para lanzar una fortísima campaña mediática llena de mentiras y descalificaciones al estilo de las últimas aplicadas en este continente, como las que se han vivido en Nicaragua, Bolivia y en los propios Estados Unidos de América, donde ganó la presidencia Donald Trump, luego de andanadas de provocaciones y acusaciones de un lado al otro.

La fórmula está siendo repetida en Ecuador contra los candidatos del partido Alianza País (AP), que bajo la égida de Correa redujo considerablemente los niveles de pobreza, elevó el horizonte educativo, generó estabilidad política y económica durante sus diez años de mandato. Esto tratan de invisibilizar los medios ante la urgencia de la fecha.

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Lenin Moreno se perfila como ganador de elecciones en Ecuador

Según las encuestadoras, el aspirante por AP, Lenin Moreno, lleva ventaja hacia el 19F, sin embargo, esta primacía no es definitiva teniendo en cuenta el panorama, ya que con la intención de voto actual se estaría obligando a una segunda vuelta, que es la expectativa de la oposición para tener una oportunidad en la instancia posterior.

Teniendo en cuenta que en Bolivia, el 21 de febrero de 2016, la oposición logró una victoria apuntalada por una feroz campaña de difamación, apoyada por casi todos los medios de información y varios actores políticos y mediáticos preparados desde el exterior; además, la ascensión al poder en Estados Unidos, de Donald Trump cuyos shows mediáticos y acusaciones contra Clinton pesaron más que los protagonizados por la aspirante demócrata, los opositores ecuatorianos han elegido esa misma vía para intentar regresar al poder.

En el caso de Ecuador, la oposición se apoya en supuestos casos de corrupción, la palabra favorita de estos tiempos, básicamente alrededor de dos escándalos: Petroecuador y la empresa brasileña de la construcción Odebrecht. En el primero, las acusaciones van dirigidas directamente hacia ex funcionarios del gobierno de Correa e indirectamente hacia el Presidente, incluso el ex ministro de Hidrocarburos, Carlos Pareja Yannuzzelli, quien se encuentra prófugo en Miami por el caso Petroecuador, manifestó que nada se hacía en esta empresa estatal sin la anuencia del Primer Mandatario. Este caso de corrupción fue denunciado por el propio gobierno ecuatoriano luego de destaparse el escándalo de los “Papeles de Panamá”.

Respecto a los supuestos sobornos a funcionarios públicos realizados por la empresa constructora brasileña, la oposición no ha presentado una sola prueba, a pesar de que Correa les ha emplazado públicamente a hacerlo.

“Si no se presentan pruebas, no crean absolutamente nada, es campaña sucia.” Rafael Correa.

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La campaña mediática ha intentado vincular a Correa en los casos de corrupción de Petroecuador.

Así, la campaña mediática contra el partido oficialista ha incluido videos, declaraciones de ex funcionarios prófugos, simulacros de ataques físicos para victimizar a la oposición y mucho movimiento de matrices de opinión en las redes sociales, ocultando todo lo positivo que ha hecho por Ecuador el gobierno de Correa.

Al parecer, la repetición de fórmulas es la actividad favorita de quienes pregonan la caída de la izquierda latinoamericana y buscan un regreso del neoliberalismo al estilo de Macri y Temer.

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Referéndum Constitucional en Bolivia. ¿La suerte está echada o la quieren apurar?

Por Vicente Manuel Prieto Rodríguez

MEME FUTURISTA 1A propósito de un artículo denominado “A 14 días, ¿suerte echada?”, escrito por el autodenominado analista opositor Iván Arias, quiero hacer un análisis de este artículo en sus partes fundamentales que, de forma velada, refleja las orientaciones vertidas desde el Plan Estratégico para Bolivia, dictado desde el Instituto Interamericano para la Democracia (IID) cuyo vicepresidente es Carlos Sánchez Berzaín y el presidente es el contrarrevolucionario de origen cubano Carlos Montaner. Pero también este artículo nos desnuda la sarta de mentiras con que se maneja la campaña opositora por el NO, sin sonrojarse ante la posibilidad de que estas falacias sean descubiertas y desmentidas, esperando que el primer impacto sea definitorio aun si el oficialismo demostrara la verdad, o sea, utilizar el axioma de que “quien golpea primero, golpea doble” o la archiconocida tesis goebbeliana de que “una mentira repetida mil veces, se convierte en una verdad”.

Me disculpo por la extensión de las presentes reflexiones y les pido a los lectores paciencia y buen criterio en el análisis.

Arias, para nada imparcial o equilibrado –lo demostró a base de gritos en el Paraninfo de la Universidad Mayor, Real y Pontificia San Francisco Xavier de Chuquisaca- cree haber descubierto las bases de la campaña oficialista, desmenuzando su idea en cuatro cimientos, a saber: 1.- El gobierno estaría forzando que en vez de un referéndum constitucional, éste ejercicio democrático sea una elección presidencial. Aquí Iván Arias se equivoca de medio a medio, pues en lo que más insiste la propaganda oficial es en que no se trata de una “re-elección” como sí intenta hacer ver la oposición, sino que solo se trata de modificar un artículo de la CPE, el 168, para que Evo Morales pueda ser “repostulado” en las elecciones, aún muy lejanas, de 2019.

2.- Según el articulista de marras, el gobierno estaría insistiendo en que el 21 de febrero está en juego una elección entre oficialismo y oposición (sic.). Otra aseveración inconsistente, pues, tomando como referencia el primer punto, desde las filas oficialistas se insiste en que este ejercicio democrático no tiene colores partidarios y quienes desde un principio le dieron tonalidades han sido los opositores, quienes inscribieron a todas sus fuerzas políticas para hacer campaña, mientras que los defensores del SÍ son básicamente Organizaciones Sociales beneficiadas por el Proceso de Cambio. Dice Iván que “se mete en una misma bolsa que el imperialismo está financiando la campaña por el NO”, intentando negarlo, a pesar de que hay pruebas claras y contundentes de la injerencia yanqui en este proceso.

3.- Arias dice, textualmente: “El tercer componente: usar el miedo como instrumento para que la gente sienta que después del 21F se viene el cataclismo y la nada”… Y relaciona la frase del Vicepresidente García Linera de que “el sol se esconderá”, descontextualizándola de su metáfora poética. Este analista opositor trata de marear la perdiz y ocultar que, por ejemplo, para los argentinos el sol se está escondiendo y llega una era de oscuridad social, que ya comenzó a ensombrecer al panorama del país austral con las medidas de Macri –quien prometió al igual que prometen los opositores acá, mantener las conquistas sociales- de subir impuestos, reducir el Estado, eliminar beneficios sociales y elevar el precio de los servicios básicos, pasando por la eliminación de las subvenciones. De lo poético a la cruda situación que pudiera ser la realidad boliviana a partir de 2020. Entonces, ¿quién siembra el miedo?

4.- Finalmente, Arias vuelve a querer dorar la píldora cuando manifiesta que el gobierno estaría utilizando todos los recursos del Estado para hacer campaña en favor del SÍ. Lo dice porque el canal BTV continúa transmitiendo los actos que dan a conocer la gestión gubernamental en entregas o inauguraciones de obra, donde los simpatizantes del Proceso de Cambio van a recibir los beneficios de la redistribución justa de los recursos con los colores verde y blanco de la campaña, algo que, a todas luces, nadie les puede prohibir y sería estúpido pensar, como piensa la oposición, que los beneficiados se pongan en contra de sus beneficiadores. También dice el articulista que los funcionarios estarían “obligados” a asistir a estos actos. Los servidores públicos que son parte del Proceso de Cambio, o militantes, pueden en su tiempo libre ir a donde quieran y hacer campaña si les place. No dice Iván Arias que las instituciones estatales están repletas de funcionarios no adeptos al Proceso de Cambio, que no han sido removidos de sus cargos y hasta han entrado a los mismos en función de su profesión, debido a una política de inclusión que critican incluso algunos militantes del MAS y que, en total uso de sus libertades, hacen campaña por el NO. Ninguno de esos funcionarios, que no asisten a marchas ni actividades proselitistas en favor del SÍ, ha sido despedido. Eso no lo dice Arias. Lo que dice del TSE, es risible si no fuera estúpido: se han sancionado a más elementos oficialistas que opositores por hacer campaña no autorizada. Y para finalizar este punto, sobre uso indebido de bienes del Estado en la campaña, ¿no fue acaso a la Gobernación de La Paz, dirigida por el opositor Félix Patzi, a la que se le incautó una volqueta llena de propaganda por el NO nada menos que en Sucre, a más de 500 kilómetros de su ubicación laboral? A no ser que Arias crea que el pueblo boliviano es tonto y que a gritos puede imponer su juicio, aquí la serpiente se muerde la cola.

Ahora paso a la segunda parte del artículo de Iván Arias: la campaña opositora por el NO.

Con temor a que sus correligionarios continúen “metiendo la pata”, el periodista-analista-partidario insiste en que los que postulan el NO, en estos últimos días, no deben abandonar su estrategia para nada y también la subdivide en su número preferido, 4:

1.- Dice Arias que deben explicar el objeto del referéndum: en el 21F está en juego aceptar o no aceptar el cambio de la Constitución para que beneficie a dos personas. Liga tramposamente una verdad con una mentira. Sí se va a aceptar o no el cambio, pero no de la Constitución, sino solo de un artículo de ella, el 168, que prescribe los términos de repostulación. Pero es mentira que beneficie a dos personas. No dice el periodista que la repostulación presidencial daría opción a la actual gestión para culminar su plan de gobierno, un plan de desarrollo que implicaría la reafirmación del Proceso de Cambio, de la revolución popular, a través de la estabilidad económica y social protegidas por una serie de inversiones, obras y programas que, a todas luces, estarán en función de mejorar la calidad de vida de los bolivianos y, sobre todo, eliminar la pobreza en que han mantenido al país los sucesivos gobiernos neoliberales. Tampoco aclara Arias que ese artículo, por la propia disposición constitucional, pudo haberse modificado a través de la Asamblea Plurinacional, que habría utilizado sus dos tercios para su aprobación, pero el gobierno prefirió consultar democráticamente al pueblo, sea positivo o negativo el resultado del 21 de febrero. ¿Contradictorio verdad?

2.- Acción  de los liderazgos emergentes. Habla de abrir el camino a la renovación de líderes. Y aquí sí permítanme ser irrespetuoso. ¿Cómo es posible que alguien que se dice analista sostenga tamaña tontería? ¿Está preocupada la oposición por la renovación dentro del MAS? ¿No sería mejor para los opositores que no hubiera nuevos liderazgos en el partido de gobierno y que con el desgaste de Evo Morales desapareciera esta opción que le ha costado la credibilidad a los partidos tradicionales de derecha? Por último, ¿están presentando los partidos opositores alternativas de líderes en sus propias filas, dónde están, alguien tiene esos nombres? La respuesta es NO, rotundamente, como la negación que promueven a que el pueblo siga beneficiándose de su poder. No, señor Iván Arias, a la oposición no le interesan nuevos liderazgos en el MAS, le interesa sacar a Evo Morales, porque frente a su legítimo liderazgo no podrían regresar los gobiernos neoliberales (como regresó en Argentina) ni los intereses hegemónicos norteamericanos.

Dice textualmente Iván Arias: “La campaña en la práctica cotidiana tiene que mostrar que el pasado no volverá y que los que impulsan el NO son parte de una nueva generación que busca un cambio y renovación en la forma de hacer política”… Cuestionable. Si quienes impulsan el NO son una nueva generación que busca cambio y renovación en la forma de hacer política, no se explica y no creo que pueda explicarlo el propio articulista, la similitud de discursos entre la supuesta “nueva generación” –invisible por demás- con los dictámenes y declaraciones de políticos reciclados al estilo de Doria Medina, Tuto Quiroga, Luis Revilla (quien puede ser joven, pero lleva años sosteniendo políticas neoliberales desde el fenecido Movimiento Sin Miedo), Rubén Costas y, para colmo, con el apoyo moral, financiero y metodológico de personajes prófugos de la justicia boliviana como Carlos Sánchez Berzaín y Manfred Reyes Villa. Y aquí permítanme referirme al ya conocido documento denominado Plan Estratégico para Bolivia, el cual dice en su primera acción: “Perfeccionar el discurso confrontacional y los denunciantes designados como portavoces que sean en primer lugar líderes como Rubén Costas Aguilera, Luis Revilla Herrero, Félix Patzi Paco y Carmen Soledad Chapetón Tancara. En segundo lugar líderes políticos reconocidos como Samuel Doria Medina Auza, Jorge Fernando Tuto Quiroga Ramírez y Manfred Armando Antonio Reyes Villa. El discurso debe ser más fresco y que atraiga pero que al mismo tiempo se muestre resolutivo y consecuente en sus líneas ofreciendo una tendencia al cambio actual. Establecer claramente el lema “Cambiemos hacia una Alternativa Democrática”. Lo que está haciendo la oposición es justamente lo que dice este documento y es fácilmente observable en los discursos y acciones de los personajes nombrados aquí. Así que, estimado Iván, no hay tal renovación de líderes ni es lo que buscan los opositores en su campaña por el NO.

3.- Iván llama a “tomar los medios y las calles”. Está claro el rol de los medios, desde la conducción de los debates hasta la política de “desgaste” que llevan a través de la maximización de casos de corrupción, violencia, narcotráfico, inseguridad, carestía de la vida, etc., en lo que ya denominé una vez “la ilusión del caos”; uniéndose a ello la ocultación premeditada de los logros del gobierno, para que luego la oposición se queje de que el canal estatal transmita justamente esos logros que invisibiliza la gran mayoría de los medios de comunicación.

Respecto a la toma de las calles, la estrategia les ha fallado. A pesar de las convocatorias en medios y en redes sociales, no han podido superar la participación ciudadana por el SÍ, aunque intentan justificar con la participación de funcionarios estatales, lo cual es inconcebible, toda vez que son los distritos políticos quienes más aportan en elementos a estas movilizaciones de campaña. Invito a los opositores a averiguar, pero con seriedad, sin las falsedades y manipulaciones que siempre hacen, la composición de las entidades estatales, pero más allá, las quejas de la militancia masista. Esto dice Arias: “Los que están optando por el NO deben crear su propio escenario, su propio discurso, sus propias reglas, su propio terreno y alinear a sus militantes, simpatizantes y aliados en ese desafío”. En este sentido, la oposición ha creado su propio escenario de, a través de ofensas, descalificaciones, e, incluso regreso a posiciones racistas y discriminatorias como puede observarse en las redes sociales, restarle a como dé lugar credibilidad al gobierno. Ése es el terreno de la oposición ante la falta de argumentos válidos, su discurso va por la línea de Berzaín: “llamarle dictador a Evo”, y en este esfuerzo han alineado a sus operadores, como el reciente bloqueo y paro del gremio del transporte pesado. Y esto plantea el Plan Estratégico para Bolivia del IID en su acción número 10: “Movilizar todas las fuerzas disponibles para crearle un expediente de descrédito y debilitamiento al régimen y que le aporte mayor credibilidad a la oposición democrática”. ¿Puras coincidencias? Yo, personalmente, no lo creo.

Y finalmente, el número 4: organizar a detalle el control electoral en cada una de las mesas y recintos electorales de todo el país para que la victoria en las urnas no se modifique en las oficinas del TSE. Siguiendo la línea discursiva de cuestionar al máximo ente electoral, para propiciar el escenario (del que se habla arriba) de un supuesto fraude en los comicios. Iván Arias olvida a propósito, porque lo conoce bien, que Evo Morales es el Presidente boliviano más votado en los últimos 40 años, que los altos porcentajes pudieran repetirse en el ejercicio democrático del 21 de febrero, por más que la oposición haya hecho llover insultos, apelado a la guerra sucia y al descrédito por encima de las propuestas y, por supuesto, que haya hecho regar con dinero de aquí o de allá para cumplir lo que plantean desde el norte en su último acápite: “Todos los actores involucrados en el Plan deben concientizarse que la estrategia está plenamente definida para Bolivia para un retorno real a la Democracia, la recuperación de su institucionalidad, recuperación de los Derechos Humanos, la libertad y un establecimiento real de una economía liberal de mercado desregulada a tono con la globalización y los esquemas de libre mercado auspiciados por el gobierno americano para nuestros pueblos.

Elecciones legislativas en Venezuela: la continuidad de la Revolución sobre la mesa.

Por: Vicente Manuel Prieto Rodríguez 

ppeleccionesvenezuela051012Entre reconocimientos y descalificaciones, apoyos e intentos de injerencia, se acercan las elecciones legislativas en la República Bolivariana de Venezuela, a celebrarse el próximo 6 de diciembre.

El Consejo Nacional Electoral (CNE) se esfuerza por transparentar cada vez más los procesos eleccionarios a través de auditorías que no se circunscriben solo al día de las votaciones, sino que implican la revisión del padrón electoral y las reglamentaciones de los comicios, reforzando un sistema que ha sido reconocido por la mayoría de los países del área e incluso por representantes de las democracias europeas como el más completo y transparente conocido en Latinoamérica, tanto así que ya están en Venezuela parlamentarios del Viejo Continente para obtener experiencias de este proceso.

Por su parte, UNASUR, como única entidad internacional autorizada para acompañar los comicios, pretende que ambas partes, oficialismo y oposición, rubriquen un documento que les comprometería a aceptar los resultados de la consulta, sean cuales fueren. Y aquí entra a jugar su papel la reacción venezolana junto a algunos organismos de carácter internacional, como la OEA, quienes cuestionan la legalidad y transparencia del próximo ejercicio democrático y se declaran “escépticos” con las futuras decisiones populares. Las críticas se refieren a una supuesta “violación del derecho” de los venezolanos, porque habría candidatos de oposición inhabilitados por estar procesados judicialmente o cumpliendo condenas carcelarias.

Tras ese reparo se esconden dos importantes conclusiones que la derecha reaccionaria venezolana e internacional no quieren reconocer: por un lado, la falta de liderazgo político opositor, teniendo en cuenta que los inhabilitados son políticos de vieja y nueva data relacionados de forma comprobada con la delincuencia común, por lo cual carecen de consistencia moral para representar al pueblo, ni siquiera a determinados sectores empresariales y clases medias que no apoyan al gobierno bolivariano; en la otra arista se encuentra el papel incuestionablemente injerencista de la Organización de Estados Americanos, que se ve disminuida y apartada poco a poco de las decisiones regionales a causa de la presencia de instituciones más creíbles e imparciales como la UNASUR, CELAC y el ALBA. Queda claro que Venezuela no aceptará la intromisión foránea en sus asuntos internos.

El próximo 6 de diciembre la República Bolivariana enfrentará un proceso eleccionario más, que definirá la continuidad de una Revolución a la cual no han podido derrocar ni las guarimbas, ni los intentos de golpe de Estado, ni los desabastecimientos especulativos, ni siquiera la endeble situación de la economía mundial.

Increíble, pero cierto.

Por: Vicente Manuel Prieto Rodríguez

Felipe Quispe, dirigente indígena originario, defendiendo los intereses de la oligarquía opositora.

Felipe Quispe, dirigente indígena originario, defendiendo los intereses de la oligarquía opositora.

A veces es difícil decir las cosas, pero, como reza un viejo refrán: “al pan, pan y al vino, vino”…

Resulta difícil creer ciertas cosas que se leen y escuchan en los medios de in-comunicación social de Bolivia. Difícil de creer porque no cabe en una mente razonable la posibilidad de que lo que se ha escuchado o leído o visto, tenga fundamentos racionales lógicos. Voy al grano.

Grupos de indígenas originarios, sí, como se lee: indígenas originarios, niegan la posibilidad de que el actual mandatario boliviano, un indígena originario, un “igual”, continúe haciendo gestión a favor de aquellos (ellos) que ayer, no hace mucho tiempo, estaban marginados, discriminados, humillados y ofendidos… ¿por quiénes?: Por la derecha, claro, la oligarquía, esos que hoy, desde la oposición, fomentan divisiones y compran conciencias para subvertir un sistema que les es ajeno (aunque productivo) y desean retomar el poder para continuar, ellos sí, con las prácticas neoliberales de vender y comprar todo, incluso los recursos que pertenecen al pueblo.

Ese grupo de indígenas originarios que pretenden frenar una posible continuidad gubernamental revolucionaria se une a otros grupos reaccionarios formados – increíblemente – por obreros, mineros, campesinos, estudiantes universitarios, “líderes” de Organizaciones Sociales, tontos útiles – que adoptan una posición anarco-sindicalista oponiéndose a todo lo que huela a gobierno, incluso si este gobierno ha sido electo por aplastante mayoría (los anteriores mandamases no sumaban ni siquiera el 30 % de votos electorales y tenían que hacer alianzas y coaliciones para gobernar) y no contentos con oponerse llevan a cabo violentas acciones “suaves” que buscan sembrar el descontento y desestabilizar la institucionalidad elegida.

El discurso preferido de los confundidos originarios y de los “confundidores” es “el respeto a la democracia”, y la pregunta que surge en cualquier cerebro pensante es: ¿cuál democracia? Porque en Bolivia, hasta el 2005 existió la democracia de los 30 %, o sea, gobernar con el apoyo de apenas un tercio de la población votante y después de esa fecha, Evo Morales ha obtenido siempre más del 60 % con cifras récords de asistencia a elecciones. Entonces estamos hablando de dos democracias: una al estilo colonial y neoliberal de discontinuidad funcional pero continuidad de facto y la otra, donde aquellos que antes eran discriminados de los espacios de poder hoy tienen la potestad de decidir, tienen los derechos que antes se les negaban y tienen la fuerza de ocupar sitios que, hasta hace diez años atrás, no podían ni imaginar pisar.

Lo que está sucediendo en la Bolivia Plurinacional es un vacío ideológico, causado por la falta de conocimiento histórico propio, que solo puede remitirse a los hechos más recientes, una desmemoria de todo lo que se ha sufrido, ocultado por los actuales aires de bonanza haciéndoles creer a estas clases hoy dignificadas que aunque vuelvan a gobernar los gringos, los qh’aras y los neoliberales, ellos van a mantener sus privilegios.

Se hacen muy flaco favor todos aquellos que por disgustos pasajeros, porque no les cae este o aquél, o porque no les cumplieron sus expectativas prebendales, pasan al otro bando y se convierten en voceros de intereses que jamás los beneficiaron, en “carne de cañón” de la inteligencia pro-gringa oligárquica que pretende regresar al poder utilizando una vieja fórmula colonial: poner al indígena contra el indígena para ellos recoger los frutos de la discordia, y, cuando regresen al trono, desaparecer de golpe todos los privilegios y logros alcanzados por quienes la oligarquía criolla y extranjera considera “inferiores”.

Buscar la unidad a través de una adecuada preparación y formación política ideológica, contrarrestando las influencias negativas de las “escuelas de líderes” oenegeístas, es una necesidad imperativa. Trabajar con los jóvenes, comenzar el recambio generacional de quienes ya cedieron a las presiones del capital, también es imperioso. Socializar la real esencia del nuevo sistema, su visión, los resultados esperados no inmediatistas y los beneficios para todo el pueblo boliviano, es una tarea pendiente de los medios de comunicación estatales y de las direcciones de comunicación de ministerios, entidades estatales e instituciones afines al partido de gobierno.

Para los grupúsculos que venden a sus hermanos por dinero, posiciones pírricas o simples promesas, la máxima imperial se pondrá otra vez de manifiesto: “Roma paga a los traidores, pero los desprecia”.

Bolivia: la oposición en spray.

computo17100900La oposición boliviana ha chocado contra un muro. El muro construido por una masa sólida de componentes variados, a veces difícil de amalgamar, pero que se consolida poco a poco: el multicultural y multiétnico pueblo andino.

Los partidos tradicionales de derecha (algunos están insistiendo últimamente en la teoría de que Bolivia ha borrado los límites entre la derecha y la izquierda, lo cual no es cierto), divididos por las diferencias de intereses y angurrias de poder individuales, como buenos capitalistas neoliberales, no pueden comprender ni aceptar que su poder se debilita, si es que le queda alguno y que a pesar de las variadas artimañas utilizadas contra el actual “partido” gobernante, no hayan logrado mellar seriamente su estructura y la disposición orgánica que le dio al MAS su tercera victoria electoral, sin contar las otras contiendas ganadas en el referendo revocatorio, la Constituyente, las elecciones judiciales…

El número de derechistas opositores, oligarcas o dependientes de éstos, no ha disminuido significativamente, lo que ha sucedido es que se han atomizado en variadas fracciones componiendo una oposición re-partida que pasa más tiempo peleándose entre ellas y denigrando a los líderes gobernantes que generando proposiciones verdaderamente válidas y a tono con los deseos populares que ya no aceptan una vuelta al pasado, aunque no entiendan claramente el camino a seguir. Si observamos detenidamente el mapeo electoral y los resultados hasta ahora, la paleta de colores muestra un azul intenso, compacto, predominando en 8 departamentos bolivianos y solo en uno, donde la oligarquía todavía conserva sus privilegios feudales, dominando la facción de tendencias separatistas y neoliberalizadoras, aunque, ojo, el azul intenso se perfila con un crescendo interesante.

Y aquí cabe otro análisis: los elementos constitutivos de cada partido. Por ejemplo, el MSM, originalmente conformado por gente de tendencias de izquierda que en determinado momento se aliaron al Movimiento al Socialismo justamente por su orientación casi socialista, pero que se fue permeando con individuos oportunistas en busca de prebendas y “beneficios” individuales, derechizándose y alejándose de la condición de “izquierda”, metamorfoseándose hasta quedar como un partido tradicional más y manifestándose igual que el resto, sin propuestas convincentes, con discursos basados más en la demagogia que en la praxis revolucionaria de su génesis. Esta actitud le costó al MSM estar al borde de la desaparición del escenario político boliviano.

El otro partido que merece una ojeada profunda es el recientemente creado Partido Verde. Las tendencias de los sujetos que se adhieren a dicha agrupación política son también de izquierda, intelectuales ecologistas e indígenas originarios no politizados pero educados en las prácticas de seguir a un “líder” regional, práctica ancestral llevada a su límite extremo por las “enseñanzas” oenegeístas de la “formación de líderes”. Estos elementos, revolucionarios en sí, pudieran ser reconquistados por el Movimiento al Socialismo si se realiza un verdadero trabajo proselitista, demostrando fehacientemente con hechos y explicaciones (formación política de cuadros, acciones correctas de comunicación masiva, etc.) que el camino al futuro de Bolivia no pasa por la destrucción de la naturaleza, ni de los hábitats originarios, sino más bien contempla un uso racional de los recursos naturales, mejoramiento de la vida de todos en complementariedad y equilibrio con la naturaleza y el bienestar social en el marco de las políticas del “vivir bien”. O sea, que si se revisa y reconducen algunas actitudes intragubernamentales que no han comprendido cabalmente el sentido del Proceso de Cambio y se retoman los valores ancestrales, hay posibilidades reales de captar aquellos elementos para el movimiento popular. Descontemos a los oportunistas que pululan en todas las organizaciones políticas presentes en el panorama social boliviano.

De los otros dos partidos presentes en los recién concluidos comicios nada hay que rescatar. Son la crema y nata de la oposición dura, esos que no importa sea buena o mala la decisión gubernamental, siempre van a estar en contra. Ni siquiera vale la pena el “acercamiento” con alianzas y promoción de deserciones de sus filas, porque, hay que estar atentos con esto, las convicciones no se cambian de un día a otro, los psicólogos sociales dirían que ni siquiera cambian, se camuflan por conveniencias, de donde surgen los “pasa-pasa” tan tradicionales en toda la historia política latinoamericana. Como dijo el ex_ministro masista Alfredo Rada, “hay sumas que restan”. Y cuando hay músculos no se viste con camiseta ancha, es mejor mostrarlos.

En resumen, los próximos cinco años pueden ser definitorios para una oposición débil, severamente fragmentada, en vías de extinción y un Proceso de Cambio que deberá afinar las tácticas participativas y la forma de comunicarse con el pueblo, ya que no quedan dudas de que el plan de gobierno, plasmado en la “Agenda Patriótica 2025”, bien ejecutado creará las bases de un afianzamiento político, social y económico muy difícil de derrotar por las vías “democráticas” tradicionales.

No están todos los que son, ni son todos los que están.

palacio quemadoLas puertas de una casa se cierran y se abren las de un edificio. Así veo yo el resultado de los comicios por la presidencia de Bolivia, recientemente concluidos. Se acabó una etapa y comienza otra. Hay muchos logros de la gestión gubernamental que termina, los cuales hicieron que la repostulación terminara con victoria. Logros en los campos de la macroeconomía, con sus resultados directos en el beneficio popular. Una serie de importantes obras, megainversiones y eventos que ubicaron a Bolivia en el centro del mundo. Hablar de todo eso ya sería redundante y lo que falta es mirar hacia el futuro.

Evo Morales lo declaró en el discurso después de conocerse preliminarmente el triunfo: será una gestión antimperialista, anticapitalista y anticolonialista. Ello hace pensar que el nuevo período estará marcado por la defensa de las nacionalizaciones y los recursos naturales del país, en aras de utilizar los réditos en más obras y programas sociales a favor de la mayoría de los bolivianos y, como plantea la “Agenda Patriótica”, llegar a 2020 con una importante reducción de la pobreza que tienda a cero.

Desde mi humilde punto de vista, para lograr todo lo previsto en dicha Agenda y el programa de gobierno, es necesaria una reingeniería del aparato estatal, desde los ministerios hasta las empresas estratégicas, en cuyas estructuras pululan demasiados elementos tecnócratas de “la vieja escuela neoliberal”, quienes, por conservar el trabajo u otras razones menos loables, no acompañan el proceso de desarrollo y búsqueda del bienestar social – establecido en las políticas del “vivir bien” – y por el contrario lo frenan con pésimas ejecuciones, acondicionadas, tal vez, por la pertenencia a clases que no se resignan a ver originarios, obreros e intelectuales de izquierda en el poder.

Las necesidades son coyunturales siempre. El tiempo de depender de los tecnócratas neoliberales debe pasar a la historia. Considero que en las filas del Movimiento al Socialismo hay profesionales e intelectuales suficientemente preparados para hacerse cargo de los principales ítems de tomas de decisiones en las diferentes carteras del Estado y las empresas estratégicas. Como dijo el exministro de Gobierno, Alfredo Rada, en una reciente reunión de análisis de los resultados de la campaña electoral, podemos invitar a todos a subirse al carro, pero no darles el timón.

No pretendo cuestionar la manera en que el Presidente Evo Morales conforma su equipo, pienso que él sabe lo que hace y por qué, y, sobre todo, que está asegurando la realización de los planes de desarrollo para Bolivia y su pueblo. No obstante, no es un secreto para nadie que no todos los que tienen o tuvieron poder de decisión en varias áreas, empujaron parejo del carro. Confiar más en la militancia y en los profesionales comprometidos puede ser la clave en el afianzamiento del Proceso de Cambio boliviano.

¡Aplastados!

Resultados no oficiales, según encuestadora Ipsos.

Resultados no oficiales, según encuestadora Ipsos.

La oposición al Proceso de Cambio boliviano fue aplastada. No queda otro calificativo en la combinación de letras del teclado. Sin embargo este no es un resultado definitivo, pues, hasta el momento de escribir este documento, el Tribunal Supremo Electoral no ha manifestado los resultados oficiales y los medios de comunicación han hecho públicos los resultados a boca de urna obtenidos por empresas encuestadoras autorizadas. Y bajo estos datos, la victoria del MAS no ha sido tan contundente como en los comicios de 2009, cuando llegó al 63% de preferencia.

Las reacciones han sido tan esperadas como los resultados que el pueblo gritaba desde las encuestas, desconocidas por las fuerzas contrarias al actual y continuante gobierno: los opositores se quejan de mucho poder por parte de Evo Morales, de uso y abuso de los medios de comunicación, de muertos votantes, de amenazas de castigo a quienes no voten por el MAS… o sea, todo su arsenal de descalificaciones y lamentos. Esto es una muestra de que les han golpeado en el mentón y se encuentran en la lona sin darse cuenta de qué les sucedió.

La realidad es bien sencilla. Resulta que la gestión de Evo Morales no puede pasar inadvertida, toda una sucesión de obras de importancia económica y social que, a pesar de las acusaciones, mentiras publicadas en esos mismos medios de comunicación que hoy los opositores denominan “propiedad o aliados del gobierno” y otras tácticas desinformadoras gestadas desde dentro y desde afuera, el pueblo sabe valorarlas y las siente como suyas, porque, por fin, un gobierno se preocupa por su bienestar: el teleférico de La Paz, el cual, según “analistas” opositores “no sirve como medio de transporte masivo” (sic.), solo vacían las filas en horas avanzadas de la noche; la planta separadora de líquidos; la planta industrializadora del litio, de cuya construcción primero dudaban los opositores y luego decían que los bolivianos no podrían operarla; el satélite de comunicaciones Tupac Katari, también difamado como inservible y que ahora presta un importante servicio en lugares de acceso remoto a donde antes no llegaba ni la telefonía ni la televisión; la red de carreteras primarias y secundarias que hoy unen a la gran mayoría de los territorios bolivianos hacia todos los puntos cardinales; la incipiente industria informática que ha dotado ya de computadoras gratuitas a miles de estudiantes, cosa antes nunca soñada por la juventud boliviana; y por supuesto, las miles de grandes y pequeñas obras sociales gestadas a través de los programas “Bolivia cambia, Evo cumple” y “Mi agua” en sus varios niveles, los bonos de seguridad social para madres y estudiantes primarios, los créditos a productores con facilidades de pago, programas de viviendas sociales y un largo etcétera de beneficios asegurados por las nacionalizaciones y la estabilidad económica del país plurinacional.

Lo que viene.

Lo otro que no ha valorado la oposición es el potente programa de gobierno previsto hasta después de 2020, denominado con justeza “Agenda Patriótica 2025”, que prevé, con acciones concretas, cambiar el panorama económico social boliviano en este período con trece pilares, orientados fundamentalmente a la reducción de la pobreza hasta el nivel cero, la industrialización, la generación de empleos, mayor calidad de la educación y la atención médica, entre otros beneficios que repercutirán en todo el pueblo.

Evo Morales ha propuesto al país ser el centro energético de Sudamérica, utilizando no solo los recursos petrolíferos y gasíferos que ya existen nacionalizados, sino también las energías renovables e incluso, la energía atómica con fines pacíficos y de desarrollo. En perspectivas también están las ciudadelas del conocimiento, que crearán las reservas científicas que hasta ahora le han faltado al país y en otra escala, la construcción de nuevos hospitales desde el primer al cuarto nivel en todos los departamentos, puesta en funcionamiento de un “tren bala”, ampliación de los teleféricos que cubren la ruta La Paz – El Alto, un satélite más, y la continuación de todos los programas sociales que tanto han beneficiado a miles de bolivianos de todas las edades.

Ante este panorama la oposición no pudo presentar nada nuevo o innovador, se contentaron con mostrar “planes de gobiernos” prácticamente copiados al MAS y sin explicar cabalmente cómo lo harían cumplir. Incluso se enredaron en sus propias contradicciones y “metieron la pata” desnudando sus verdaderas intenciones, como aquel Samuel Doria Medina que “soltó” eso del 50% para los inversionistas y 50% para el país, en referencia a las ganancias de las empresas que ahora son del Estado (que es decir el pueblo) y que en su gestión ministerial propició la privatización; o el Tuto Quiroga prometiendo reformar la policía, sin explicar que eso significa botar a muchos uniformados para conformar un cuerpo represivo de su confianza. El resto de los candidatos ni siquiera presentaron programas creíbles. La campaña de ellos se basó en insultos, descalificaciones y bravuconadas. En esto ha sido claro el Presidente: “Hay dos programas, la nacionalización frente a la privatización y con más del 60 por ciento ganó la nacionalización”. Los opositores no se han percatado de eso.

El Beni.

Beni, único departamento donde ganó el frente del candidato a vicepresidente Ernesto Suárez, pero donde el MAS tuvo un repunte importante, tiene una situación sui generis en un país donde el cambio del patriarcalismo y el servilismo a las clases pudientes hacia el verdadero poder popular se va consolidando. En este departamento, perteneciente a la desaparecida “media luna”, todavía sobreviven formas esclavistas de relacionamiento entre los terratenientes y ganaderos y “sus” trabajadores. Esta situación puede justificar el resultado que le dio ventaja a Unidad Demócrata, teniendo en cuenta el despliegue de campaña realizado por las alcaldías pertenecientes a la alianza de Suárez con Doria Medina y Rubén Costas, las cuales, desde mucho antes de que se diera el “vamos” a las campañas, ya exhibían los atributos de UD en todas sus movilidades e instalaciones y realizaban llamados a adherirse a esa opción. Aun así no evitaron que el Movimiento al Socialismo creciera en esa región y, por el porcentaje obtenido por la sigla popular y la tendencia nacional, más el debilitamiento de la oposición, no es de extrañar que en un tiempo no muy lejano esa correlación de fuerzas cambie a favor del MAS-IPSP.

El líder de las Américas.

Otro aspecto que no calcularon las fuerzas opositoras es el liderazgo de Evo Morales, no solo dentro de Bolivia, el cual es innegable, hasta el punto de no existir aun alguna candidatura que pueda hacerle frente, sino también, y con mucho peso en el terminado proceso eleccionario, el liderazgo mundial del Presidente, construido desde la desaparición física del Comandante Hugo Chávez, salvando, de paso, el proceso integrador latinoamericano que podría haberse resquebrajado de no llenarse ese vacío dejado por Chávez.

La dimensión internacional que ha obtenido Bolivia en estos últimos años se le debe a un hombre: Evo Morales Ayma. Y eso es algo que reconoce el pueblo, si hoy este país multicultural y plurinacional está en la mira del mundo y no precisamente por el narcotráfico, como era antes del gobierno de Morales y como han querido hacer ver los voceros opositores, es por la representatividad legítima que ha ganado Evo ante el mundo antimperialista.

Esto lo demuestra el Presidente boliviano en cada discurso, sea en un departamento de su país, sea en eventos de carácter mundial a los que participa o es invitado. Así también lo dejó claro en la alocución ante la victoria electoral del domingo: “Un sentimiento de liberación de nuestros pueblos- dijo – hasta cuándo seguiremos siendo colonia de los Estados Unidos… este es un triunfo anticapitalista y antimperialista”. El coro popular siguió a esas palabras con un rotundo “Patria sí, colonia no”, reflejo de que el actuar del Presidente ha calado hondo en el pensamiento de los bolivianos, que además de buscar la unidad entre ellos, asumen que el proceso de cambio boliviano trasciende las fronteras nacionales para convertirse en referente internacional.

Las campañas.

En esta oportunidad las campañas de comunicación políticas no han sido muy notorias. Ni las de oposición ni la oficialista.

Los candidatos de UD, PDC, MSM y el Partido Verde se concentraron en pedir debates a los oficialistas, en denigrar las figuras de Evo Morales y Álvaro García Linera, en acusar al gobierno de malos manejos económicos, narcotráfico, nepotismo y cuanto argumento negativo les cayera en mano o les dictaran desde quién sabe dónde. Tampoco les sirvieron los programas de “relaciones públicas” que les armaron esos mismos canales televisivos que ahora señalan como cuasi responsables de su derrota y que pomposamente denominaron “programas de debate”. El embanderamiento de plazas, pegado (y quitado mutuamente) de afiches, ensuciar las calles con volantes que prácticamente nadie leyó y las marchas con más o menos seguidores, cosas tradicionales, tampoco les sirvieron y ni hablar de las “confrontaciones” en las redes sociales, salpicadas al final de rumores mal intencionados y ofensas a los representantes masistas, rayando en la discriminación y el racismo.

Pero la campaña oficialista tampoco fue brillante (aparte del magnífico tema musical compuesto e interpretado por el oriental Aldo Peña). Igual se utilizaron las formas tradicionales de campaña, los productos publicitarios y propagandísticos se debatieron entre lo conocido y superficial y la defensa de la propuesta oficial en las redes sociales fue apasionada y tenaz. Más o menos lo que hicieron todos.

Entonces ¿qué marcó la diferencia?

La diferencia la hizo algo que ya el Presidente había anunciado antes de comenzar la contienda electoral: “Mi mejor campaña son las obras”. Una verdad como un templo. Por eso las encuestas se acercaron tanto a lo que sucedió este 12 de octubre. Porque, por más que los medios de “in” comunicación se esmeren, la gente no es ciega y lo que ha hecho este gobierno está a la vista de todos y se siente en el bolsillo de todos, solo hay que ver cómo ha crecido la “clase media”, que ya no está compuesta únicamente por los “no originarios”. Por eso protestaban los opositores, porque no querían que se mostraran los logros del gobierno, ya que- dijeron- los ponía en desventaja. Esto no es muy irreal, pero la desventaja está sustentada en que, cuando ellos estaban en el poder, no hicieron nada positivo que fuera demostrable, solo se enriquecieron lo suficiente como para que Doria Medina construyera su emporio económico basado en la privatización de empresas y recursos nacionales y que Tuto Quiroga tenga residencia en Estados Unidos y a sus hijos estudiando en caras universidades capitalistas.

Sigo sin entender el tema de las alianzas. En la parte opositora se entiende que busquen a toda costa unificar el voto ante la fuerza aplastante del pueblo unido en una sigla revolucionaria. En la parte del MAS, no estoy muy seguro que dé buenos resultados tal práctica tradicional de los partidos políticos latinoamericanos, pues aunque se lograra ganar algunos votos, muchos simpatizantes o adeptos pudieran sentirse defraudados y, si bien no sufragar en contra, se verían tentados a dejar en blanco o anular sus papeletas y en el peor de los casos a votar cruzado, perjudicando el interés hegemónico de la masa vencedora. Oruro, Potosí, Cochabamba y La Paz disminuyeron, a pesar de los esfuerzos y las inversiones, en Santa Cruz no se subió demasiado y los puntos percentuales ganados, estoy seguro, fueron debidos a la cantidad de obras de impacto y la tranquilidad económica que el Presidente le ha asegurado a esa región, considerada el “motor” productivo del país. Ante los resultados de hoy, y espero equivocarme cuando el TSE ofrezca datos oficiales, esa decisión de unirse a elementos históricamente contrarios a la revolución popular más que sumar, resta.

El panorama que queda a Bolivia.

Más allá de los pedidos de impugnación, las acusaciones de ilegalidad y toda la serie de denuestos que transmitirán por los medios de comunicación, como pasa siempre que la oposición al cambio pierde, a Bolivia le queda un camino largo por recorrer. Evo Morales ha llamado a “pensar en grande” y realizar todo lo prometido en campaña, cosa que no es descabellado creer que se va a cumplir, teniendo en cuenta lo que se ha avanzado hasta ahora en materia económica y social y las obras que se han hecho a favor de todo el pueblo boliviano y no solo de una minoría.

La oposición está prácticamente desaparecida, a pesar de las bravatas que Rubén Costas vierte desde Santa Cruz (ganada en estas elecciones por el MAS); el MSM casi pierde su sostenibilidad legal (algunos analistas aconsejan que Juan del Granado se retire y pase el batón al joven alcalde de La Paz, Luis Revilla); la Unidad Demócrata, no obstante haber quedado en segundo lugar (pero muy lejos del MAS), concentró fuerzas que por ley natural de la política no se van a mantener incólumes durante mucho tiempo, por su variedad y diferencia de intereses entre las facciones madres que la formaron coyunturalmente. Otro tanto sucede con el demasiado verde Partido Verde, formado por “ecologistas”, pero dirigido por un ingenuo, desconocido y poco creíble Fernando Vargas. El caso de Jorge “Tuto” Quiroga es algo “aparte”: las fuerzas opositoras mayoritarias (si es que pueden llamarse así) consideran a “Tuto” como un advenedizo que sirvió indirectamente al MAS dividiendo a una oposición ya más que dividida.

Hoy, los núcleos duros opositores al Proceso de Cambio en Bolivia hablan de falta de democracia, teniendo en cuenta la mayoría obtenida por el Movimiento al Socialismo en ambas cámaras de la Asamblea Plurinacional. Pero se abstienen de hacer referencia a la época en que ellos eran la mayoría, a partir de una democracia al estilo norteamericano donde varios partidos políticos representaban la misma manera de gobernar y se turnaban en el ejercicio del poder, “pasando el rodillo” a las representaciones de la minoría (minoría en el Senado, mayoría en el pueblo), sin que entonces protestaran por la continuidad en el poder, por ejemplo, de “Tuto” Quiroga quien buscaba esta vez un tercer mandato y Gonzalo Sánchez de Losada que gobernó tres veces.

Así, el panorama que se le presenta a Bolivia es, a todas luces, de desarrollo, sin que una “oposición” oligárquica y reaccionaria vete los planes de avanzar por la senda que acabará con la pobreza, las desigualdades y la construcción de un país mejor, con la filosofía del “vivir bien” como faro, donde la honestidad y la transparencia sustituyan a la corrupción que legaron los gobiernos coloniales y neoliberales y en el cual los recursos naturales y las empresas estratégicas del estado sean y sirvan a los intereses populares, controlados y fiscalizados por las propias organizaciones sociales. Ése es el reto que enfrenta Evo Morales en su próximo nuevo gobierno: afianzar el Proceso de Cambio y fortalecer la Revolución Democrática y Cultural en la senda del “Vivir Bien”.