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Quien se lo propone lo logra.

Por: Vicente Manuel Prieto Rodríguez

Juan Manuel Santos se lo propuso y lo logró. Total, si se lo dieron alguna vez a Mr. Obama. Y puso manos a la obra.

 

Colombia's President Juan Manuel Santos attends a joint news conference with Spain's Prime Minister Mariano Rajoy at Moncloa palace in MadridNo  importa que a pesar de los esfuerzos y las maniobras, Colombia se dividiera a la mitad (en sus opiniones) y desestimara refrendar el Acuerdo de Paz entre Gobierno y Guerrilla (FARC); tal vez porque quienes quieren verdaderamente paz son el pueblo colombiano y los miembros de las legítimas FACR, no así los partidos políticos que, de alguna manera, se favorecen con un conflicto que los mantiene vigentes aunque sea a través de las críticas; ni tampoco –por supuesto- aquellos que se benefician debido a sus actividades ilegales desde los grupos paramilitares que revolotean alrededor de la guerrilla como caranchos sobre un rebaño de reses (ojo, no estoy comparando a los militantes de las FARC con animales, sino a los paramilitares con aves de carroña).

Parece que no convenció a muchos –demasiados- la propuesta de Santos de desarmar y darles posicionamiento político post conflicto a aquellos que la opinión pública, manipulada por los medios, culpa de crímenes, robos, asaltos, narcotráfico, secuestros y otras actividades delictivas más achacables a los paramilitares (dadas su falta de ideología y afán de lucro) que a las fuerzas revolucionarias.

Un panorama donde un (odiado) grupo de rebeldes es desarmado y obligado a convivir con sus enemigos sin desarmar, no precisamente ofrece a la vista el escenario de paz que proclama Santos y compañía. Lo más probable es que comience una cadena de “ajustes de cuentas”, la cual volvería inestable e insostenible la ya precaria noción de paz del sufrido pueblo colombiano.

El proceso, apoyado por La Habana, no es el problema, no es lo cuestionable. Los buenos oficios del gobierno cubano, e incluso de la Iglesia católica en pos de concretar la tan anhelada paz y alguna que otra tibia intervención de la ONU, pudieron haber dado otros resultados si la propuesta hubiera sido contundente y sobre todo, coherente, con los deseos del pueblo colombiano en su mayoría.

Es obvio que no se pueden dejar impunes los crímenes, que los familiares de las víctimas (víctimas ellos también) no estarían de acuerdo en ver por las calles a los asesinos, secuestradores, violadores de sus seres queridos. Lo que no es muy consecuente es que solo se culpe a miembros de las FARC y no al resto de pandillas que a la sombra o utilizando el apelativo de “guerrilla” perpetraron tal vez muchos más crímenes, incluyendo el genocidio de poblaciones campesinas por la suposición de haber ayudado a los rebeldes, pero cuyo fondo está más profundo.

En las incomprensiones fundamentales del Acuerdo podrían encontrarse las causas de que una mayoría de la población colombiana, urgida, desesperada por la paz, haya votado, precisamente, en contra de ella (o del “Acuerdo” con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia).

Pero ya está, el resultado es nulo, aunque el líder guerrillero “Timochenko” mantiene la posición de continuar con el cese al fuego y las hostilidades y la intención de reincorporar sus filas a la sociedad para construir otro escenario, más democrático, de lucha por los principios revolucionarios.

Mientras tanto, Manuel Santos se reúne con los “propietarios” de la oposición (ideólogos impulsadores del NO) para el “sana-sana” que cree necesario y llegar a otro “acuerdo” que tal vez tenga su futuro en un ámbito de posible reelección presidencial.

El actual presidente colombiano lo ha logrado, se propuso poner su nombre en la historia visible de Colombia y ahí lo tiene, hasta le han otorgado el Premio Nobel de la Paz, a pesar de que no la ha concretado.

Historia recurrente: todos contra el bloqueo y uno haciendo lo que le…

bloqueo-jpgEsta semana ha estado movida en la Organización de Naciones Unidas, los temas han ido desde la crítica a los fondos buitres que despedazan las economías periféricas, la necesidad de eliminar el armamento nuclear a favor de la paz internacional, el tema palestino y, como no puede faltar en ninguna de estas reuniones, la condena cuasi unánime contra el bloqueo genocida que mantiene dinosáuricamente desde la década del sesenta, Estados Unidos contra Cuba.

La historia de estos debates en el organismo “de regulación” mundial es recurrente. Año tras año, en espiral creciente, los países miembros del ente multinacional condenan el bloqueo económico y comercial que la potencia imperial norteña le ha aplicado a la pequeña isla por el delito de oponerse a ser una estrella más en su bandera plagada de posesiones coloniales.

Este bloqueo, que algunos pronorteamericanos llaman eufemísticamente “embargo”, hasta la fecha ha causado a los cubanos una pérdida de más de un billón 112 mil 500 millones de dólares, lo cual repercute fuertemente en los programas de salud, educacionales, de investigación, sociales, de viviendas y un largo etcétera de cuestiones que no avanzan como desean los propios habitantes de la mayor de las Antillas y que algunos apátridas, descerebrados y progringos insisten en culpar por ello a las autoridades nacionales cubanas.

Tantas miradas no pueden estar equivocadas, reza un viejo proverbio, y no es casual que, año tras año, la mayoría de los países se pronuncien a favor de levantar la arcaica medida “unilateral” de Estados Unidos y permitir que Cuba comercie con quien desee según sus decisiones soberanas y libres. No obstante, el gigante norteño, una y otra vez, hace oídos sordos, se compra un par de conciencias para que le acompañen en su irrespetuoso actuar frente a la comunidad internacional, y hace… lo que le da la gana, en este caso mantener y aun recrudecer el genocida, anacrónico, injusto e ilegal (son términos utilizados por los mandatarios en la ONU) bloqueo económico al país de los “históricos barbudos”.

Lo que sucederá el próximo 28 de octubre es conocido, como volver a ver “Titanic”: una aplastante mayoría de países unidos en la Asamblea General de la ONU votarán contra el bloqueo y un país, uno solo, Estados Unidos de Norteamérica, arrullado por un par de cómplices venales, casi siempre Israel y algún que otro país pequeño chantajeado en su necesidad de obtener créditos foráneos para sobrevivir, mantendrá su geróntica posición, aunque ya sabe que de ello no sale ningún fruto, sino un rechazo total a su política de doble rasero, que por un lado dice defender la democracia, la paz y la vida, mientras que por el otro destruye o intenta destruir pueblos enteros a través de las armas sofisticadas de exterminio masivo y de sanciones económicas que los ahoguen en necesidades reales o ficticias.

Particularmente no creo que esta cuestión vaya a dar un giro significativo. Norteamérica, herido en su amor propio colonialista, nunca va a soportar que un país, para colmo pequeño, decida su destino fuera de las presiones neoliberales y neocoloniales a solo pocos kilómetros de su imponente geografía física, económica, política y militar.